viernes, 20 de noviembre de 2015

LAS TAREAS ESCOLARES, A EXAMEN



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 20 de noviembre de 2015

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 3 de diciembre de 2015





A estas alturas del curso, recuerdo bien cuánto me llamó la atención el llamamiento a una “huelga de deberes” promovida por la Federación de Consejos de Padres de Alumnos de Francia hace ya algún tiempo. Lo que denunciaban nuestros vecinos era que las tareas escolares resultaban antipedagógicas, causaban tensiones en el seno familiar al obligar a los padres a ejercer de profesores, alargaban innecesariamente la larga jornada lectiva, impedían a los niños dedicar un tiempo a la lectura y aumentaban las desigualdades entre los alumnos que podían beneficiarse de la ayuda de sus familias y los que no. Su premisa rezaba: “los escolares tienen que mostrar en casa lo que han hecho en clase, no mostrar en clase lo que han hecho en casa”. 

Personalmente, concedo a este asunto la mayor trascendencia. Considero que los deberes colegiales son esenciales para que los muchachos adquieran tanto su cuota de responsabilidad para el futuro como la madurez necesaria para gestionar su tiempo. Al menos, así lo fue en mi etapa estudiantil. Sin embargo, los jóvenes de hoy en día se ven con frecuencia en la tesitura de demostrar en las aulas lo que han aprendido en sus hogares. En otras palabras, de poner de manifiesto la capacidad que tienen sus padres para la docencia y para la supervisión de sus asignaturas. Y aquí ya entramos en el injusto terreno de la desigualdad, puesto que no en todas las casas se parte de una misma base cultural, ni de similares medios económicos ni de idéntica disponibilidad de tiempo. 

Aprecio razones a favor de los deberes a domicilio que están fuera de toda duda y la principal de todas ellas es que constituyen un vehículo de transmisión de valores tan positivos y necesarios como la disciplina, el esfuerzo, la constancia y el tesón. Sirven, asimismo, para consolidar los conocimientos y habilidades que se adquieren en la escuela. Pero también podría esgrimir varios argumentos que desmontan la idoneidad de esta práctica, sobre todo en las edades más tempranas. Está demostrado que un niño de Primaria atraviesa por una fase incipiente de desarrollo personal e intelectual en la que necesita jugar para desarrollar todas sus capacidades, aprovechar su extraordinaria imaginación y no matar su creatividad. Por lo tanto, con un exceso de trabajo corre el riesgo de aburrirse y de gestar una actitud negativa hacia materias como Lengua y Matemáticas, simplemente porque todavía no está preparado para asumir esa sobrecarga. Esas actividades adicionales se le han de exigir dentro de un orden y, sobre todo, en su justa medida. En este punto, convendría recordar que, por regla general, los adultos no solemos llevarnos trabajo a casa después de la jornada laboral y menos aún los fines de semana. 

Por otra parte, también encuentro sumamente negativa esa insana competitividad que padecen los chiquillos en lo concerniente a las notas, y cuyo origen se encuentra muy a menudo en las pretensiones de sus mayores. De hecho, cada vez son más los progenitores que suplantan a sus hijos en la realización de trabajos con el ánimo de que éstos obtengan una calificación superior. En definitiva, si para que un estudiante responda adecuadamente a las exigencias formativas necesita de una tutela continua, algo está fallando. Se impone una honesta y sincera revisión de esta errónea confusión de roles, porque no es de recibo que la enseñanza recaiga sobre los padres ni que la educación recaiga sobre los profesores. 

Mi apuesta pasa por acudir a ese sabio aforismo latino que defiende que en el medio está la virtud. Lo verdaderamente relevante es aprender a pensar y no confundir la capacidad intelectual con el volumen de información adquirida. No obstante, para alcanzar esa meta resulta imprescindible otorgar la máxima importancia a la rutina diaria del esfuerzo. Nuestros hijos crecen a pasos agigantados y, si aspiran a integrarse en el incierto mercado laboral, tendrán que avanzar cada día por un camino que no admite atajos.




viernes, 13 de noviembre de 2015

LIARSE A GOLPES COMO ALTERNATIVA DE OCIO


Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 13 de noviembre de 2015

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 28 de noviembre de 2015



Corría el año 1999 cuando el inclasificable director de cine David Fincher rodó su impactante película “El club de la lucha”, protagonizada por unos todavía jóvenes Edward Norton y Brad Pitt. El argumento giraba en torno a un muchacho que, hastiado de una gris y monótona existencia, luchaba contra su insomnio permanente. Tras conocer a un peculiar vendedor cuya filosofía de vida hallaba en la autodestrucción su razón de ser, fundó junto a él un club clandestino de lucha en el que, a base de guantazos, poder descargar sus frustraciones y su ira. El éxito de la cinta fue notable e incluso se la llegó a calificar como “un combinado de sátira y sociopatología” (en mi humilde opinión, lo segundo bastante más que lo primero). 

El fenómeno que plantea el film no es en absoluto novedoso. Por el contrario, es tan antiguo como el hombre. Lo que actualmente le otorga un sesgo diferenciador es la introducción de las nuevas tecnologías en su ejecución, ya que ahora las grabaciones de los enfrentamientos pueden subirse a la red y exhibirse a modo de medalla. Abundando en el tema, una empresa estadounidense pionera en la utilización de la violencia como alternativa de ocio, ha creado una aplicación informática consistente en poner en contacto a dos o más personas cuya máxima aspiración estriba en liarse a golpes. Así, sin mayores pretensiones. Se trata simple y llanamente de concertar peleas entre desconocidos. 

La plataforma, que aún está pendiente de aprobación pero cuenta con miles de aspirantes a usuario, es el último grito en cuestiones recreativas. Entre sus ofertas, se añade un chat en el que se permite insultar al contrincante a fin de calentar el ambiente previo a la refriega, sin duda una nueva demostración de las privilegiadas mentes de sus inventores. Asimismo, se pone a disposición de estos púgiles aficionados un mapa que indica las ubicaciones de los hostiódromos más próximos a sus domicilios. Nadie podrá, pues, negar que los promotores de tan formativa actividad no sean considerados. Al menos, no dan puntada sin hilo. Baste decir que, incluso, discriminan por género y número tan cruenta práctica, según incluya entre sus simpatizantes a mujeres o a grupos. 

Hasta la fecha, el tan cacareado progreso tecnológico sólo alcanzaba a las páginas web de contactos, bien fuera para forjar bellas amistades, encontrar pareja (lo de enamorarse virtualmente me parece un poco pretencioso) o practicar sexo con las preceptivas dosis de desenfado y alergia al compromiso. Sin embargo, en un alarde de I+D+i, no va a quedar sueño que no podamos ver cumplido con la ayuda de las máquinas infernales. Rescato con añoranza de mi memoria otras vías de desahogo que, en su momento, me causaron extrañeza, aunque en un grado sustancialmente inferior a ésta de cascarse a discreción. 

Como la de aquel establecimiento, en este caso español, que brindaba a los clientes la posibilidad de romper todo tipo de objetos -platos, vasos, botellas, incluso pequeños electrodomésticos- como terapia para combatir el estrés. Por lo visto, la gente iba, arrasaba con el mobiliario y eliminaba su angustia en cuestión de minutos. La tarifa básica (por cierto, bastante asequible) daba derecho a destrozar un máximo de 25 piezas pero, si se optaba por la “Premium”, los despojos podían ascender a 35 -televisor, impresora o monitor, incluidos-. Además, los beneficiarios eran agraciados con un DVD, recuerdo de sus desmanes, y con quince minutos de estancia en una sala de relajación para rebajar los niveles acumulados de adrenalina. 

No obstante, yo me decanto sin dudar por una singular apuesta hotelera japonesa: las denominadas “habitaciones del llanto”, unos pseudorefugios diseñados para que las mujeres (de los hombres nada se dice) puedan llorar a moco tendido, con la inestimable colaboración de películas y libros del tipo “Sólo el cielo lo sabe” o “La dama de las camelias”. Con la que está cayendo, le auguro a este negocio un futuro no menos exitoso que el de estrellar vajillas o deslomar al prójimo.




martes, 10 de noviembre de 2015

BAROJA O EL ARTE DE NOVELAR






Pío Baroja es uno de los más grandes narradores del siglo XX. Sus mejores y más populares títulos los escribió a principios de siglo: “Zalacaín, el aventurero”, “Silvestre Paradox”, “El árbol de la ciencia”, “Las inquietudes de Shanti Andía” o “Camino de perfección”, entre otros. Pues bien, ahora el mundo de la cultura está de celebración. 

Desde ayer reposa sobre mi mesilla un ejemplar recién editado de “Los caprichos de la suerte”, texto del ilustre miembro de la Generación del 98, escrito en la década de los cincuenta y que seguía inédito hasta ahora. Este tesoro se encontraba descansando en una carpeta en tonos grises atada por cintas rojas en su casa familiar de Itzea, sita en el precioso pueblo navarro de Vera de Bidasoa. Se trata de la última entrega de la trilogía “Las Saturnales” (la primera es “El cantor vagabundo” y la segunda, “Las miserias de la guerra”), que versan sobre los tiempos de la Guerra Civil española y sus consecuencias. Cuenta la historia de un hombre que, hastiado de la contienda fratricida, huye a París, participa en tertulias y se enamora de una mujer. Habla de la violencia, el exilio, la naturaleza humana, las artes, la vida urbana y la crisis de la literatura. 

En palabras del catedrático aragonés José-Carlos Mainer, especialista barojiano encargado de sacar adelante este valioso proyecto, “al autor vasco la guerra le preocupaba mucho. Muy pronto editó en Chile un volumen de ensayos y artículos titulado Ayer y hoy, en los que dejaba bien clara cuál era su actitud ante la contienda, ganara quien ganara. Los personajes de sus novelas no cuestionan la República, aunque reprueban el caos y el desorden que produjo, y ven el estallido del conflicto como una cosa de locos. Baroja siempre mantuvo la idea de que la guerra la había perdido la clase media, que era la suya. Fue un hombre independiente, que se mantuvo fiel a sí mismo y que no estuvo nunca ni con unos ni con otros. Por eso fue incómodo para los dos bandos". 

Entre sus reconocidos admiradores de hoy y de siempre se hallan nombres tan dispares como Luis Martín Santos, Miguel Delibes, Juan Benet, Juan Marsé, Manuel Vázquez Montalbán o Antonio Muñoz Molina, quienes han mostrado su simpatía y devoción por el calificado como “viejo e indomable gruñón”. 

Para mí será un auténtico placer sumergirme en estas páginas, considerando que nadie como Pío Baroja tiene tan viva la facultad de contar. Su rescate debería ser uno de los hitos más señalados en la historia de las letras contemporáneas de nuestro país.

viernes, 6 de noviembre de 2015

LA CONTROVERTIDA FIGURA DEL JURADO POPULAR




Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 6 de noviembre de 2015

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 20 de noviembre de 2015






Por unanimidad y después de tres días y medio de deliberación, el jurado popular del 'caso Asunta' acaba de emitir su veredicto, declarando a los padres de la menor culpables de un delito de asesinato. Sus nueve miembros (cuatro mujeres y cinco hombres) han entendido que concurren en el caso las circunstancias de alevosía y parentesco, al mismo tiempo que descartan la posibilidad de un indulto o de una reducción de pena. Como era de esperar, la repercusión mediática de este proceso ha sido muy notable y tanto las cadenas de radio y televisión como la prensa escrita se han hecho eco de la noticia, reviviendo una vez más la polémica que acompaña a este particular modo de hacer justicia. 

La figura procesal del jurado es una de las opciones que un sistema jurídico puede escoger para resolver determinados conflictos, a diferencia de la vía clásica, que la deja en manos de un solo juez o de un tribunal compuesto de varios magistrados. Procede del derecho inglés y aboga porque cualquier ciudadano de a pie pueda participar en la Administración de Justicia. En el caso de España, compete al propio juez admitir o no a trámite las denuncias o querellas y controlar cada uno de los cauces del proceso, circunscrito exclusivamente a asuntos penales. Asimismo, intervienen el Ministerio Fiscal y los abogados, tanto de la defensa como, en su caso, de la acusación particular. El debate social en cuanto a la conveniencia de esta figura ha estado latente desde el mismo momento de su implantación a través de la Ley Orgánica 5/1995, que desarrolla el artículo 125 de nuestra vigente Constitución de 1978. 

La controversia que genera su utilización es manifiesta y, mientras sus defensores argumentan que se trata de una solución democrática que evita los posibles abusos de algunos jueces profesionales y que constituye la única senda de participación ciudadana en el Tercer Poder -el sufragio sería su medio equivalente en el primero (Legislativo) e, indirectamente, en el segundo (Ejecutivo)-, sus detractores se centran en el riesgo de manipulación que corren una serie de ciudadanos sin conocimientos jurídicos (requisito sine qua non), expuestos a dejarse arrastrar por las emociones en detrimento de la razón. 

Estos “jueces sustitutos” son extraídos de las listas del censo electoral de cada provincia con una periodicidad de dos años y el deber que contraen es inexcusable, salvo las causas previstas en la citada ley. Para cada juicio se procede a seleccionar un número de ellos no inferior a veinte ni superior a treinta, de entre quienes, en el momento procesal oportuno, el fiscal y los abogados intervinientes eligen a aquellos que intuyen más proclives a sus intereses. 

Al margen de su anacronismo, son varias las razones que avalan mi postura contraria al jurado popular, pero la principal es que no concibo que un valor tan trascendental como el de la libertad dependa de nueve personas sin una preparación específica adecuada, pese a que no pongo en duda ni su buena voluntad ni el ánimo de acertar en su decisión. ¿O sería acaso razonable colocar alrededor de una mesa de quirófano a alguien con nulos conocimientos de medicina para que indicara al cirujano jefe cómo debe intervenir a su paciente? 

Con el máximo respeto hacia cualquier miembro de un jurado y sea cual fuere su profesión -arquitecto, profesora, camarero, empresaria, parado o jubilada-, mucho me temo que no esté preparado, no sólo para emitir un veredicto de inocencia o de culpabilidad, sino para tener que motivarlo jurídicamente y de forma obligatoria. Dicho de otro modo, prescindir de jueces profesionales que han dedicado no pocos años de sus vidas a cursar la carrera de Derecho y a aprobar una oposición de Judicaturas que les habilita para impartir justicia, me parece, en lo personal, una frivolidad y una insensatez y, en lo profesional, una amenaza para la salvaguarda de determinados derechos constitucionales, particularmente el relativo a no sufrir indefensión.




martes, 3 de noviembre de 2015

"TRUMAN": PURO SENTIMIENTO





Acabo de ver la película "Truman" y me siento en la obligación de recomendarla fervientemente, si quiera porque la felicidad compartida es más felicidad. 

Al margen de constatar su éxito a través de los comentarios del público, he consultado lo que opinan algunos críticos después de su visionado, personas con criterio que han dedicado unos minutos de su tiempo a desmenuzar  el contenido del mensaje. 

Algunos dicen que su director, Cesc Gay, muestra sin contemplaciones el valor de la amistad, el pragmatismo del antihéroe que llora por dentro y la ética que gira en el entorno de un enfermo cuasiterminal. 

Afirman también que el film no se ve, ni tampoco se escucha. Que, simplemente, se siente. Que se trata de un duelo interpretativo entre dos de los mejores actores del momento -el argentino Ricardo Darín y el español Javier Cámara-. Y que su bellísima propuesta de forma y fondo no necesita de la evolución explícita en sus personajes ni del afloramiento sentimental, que lo lleva íntimamente y  lo expone con sutileza, sin grandilocuencias e invitando al debate moral. 

En "Truman", nombre del adorable perro de uno de los protagonistas, nada es en vano. Su realizador ofrece un enfoque adulto, centrado en el lado más crudo de la vida, y muestra su soberbia capacidad para narrar, sin caer en clichés, una historia trágica con honestidad y simpatía, situando su epicentro en lo más verdadero y trascendente que nos queda tras un diagnóstico mortal: las relaciones personales, encarnadas aquí en un Cámara que lo da todo. Amor y amistad puestos a disposición de un Darín que, a cambio, nada pide. 

Coincido, asimismo, en que se trata de una de esas cintas que establecen un nuevo orden, porque nos regala una historia de estructura simple pero de valor sentimental inmenso, sin exponerla a las lágrimas ni elevarla a lo sobrenatural. Se trata, sencilla y llanamente, de dejarlo todo preparado para ese ineludible viaje sin retorno, de despedirse sin dejar cabos sueltos. Enorme desafío. 

Gran perspectiva, gran tratamiento y gran final -de esos que nos deja con una sonrisa que acompaña al alma encogida- para un film de valores en peligro de extinción que anhelamos recuperar. Una particular entrevista con la muerte en la que Cesc Gay apunta directo al corazón de una manera certera y próxima. 

Imposible no salir tocado, aunque en absoluto hundido, de un título que es PURO SENTIMIENTO.


viernes, 30 de octubre de 2015

"MARCAR LÍMITES TAMBIÉN LES AYUDA A CRECER"



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 30 de octubre de 2015

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 4 de noviembre de 2015

Colaboración para el Magazine del Colegio Hispano Inglés




El pasado día 27 acudí a la magnífica charla de mi admirado paisano Javier Urra en el Espacio Cultural CajaCanarias, bajo el lema “Marcar límites también les ayuda a crecer”. Esta actividad se inserta dentro de unas jornadas de reflexión para padres y madres que tendrán lugar durante los meses de octubre y noviembre en las islas de Tenerife, La Gomera y La Palma. Urra, doctor en Psicología y en Ciencias de la Salud y primer Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, es todo un referente en temas educativos y ha compartido sus conocimientos con generosidad a través de numerosos libros cuya lectura recomiendo vivamente, entre ellos “Educar con sentido común”, “¿Qué ocultan nuestros hijos?”, “El pequeño dictador” o, recientemente, “El pequeño dictador crece”. 

Basta con darse una vuelta por hogares, colegios y calles para constatar que demasiados niños se han convertido en los dominadores de nuestra sociedad. No hay ámbito que escape a sus deseos. Deciden qué les apetece comer y qué no, cuándo quieren ir a dormir o cuánto tiempo pretenden estar enganchados a las máquinas. Cualquier conato de reprobación, freno o sanción por parte de progenitores, abuelos y profesores acarrea situaciones de tensión que dichos adultos, por distintas razones, habitualmente se resisten a afrontar. Se trata de niños egoístas y caprichosos, incapaces de aceptar una negativa y reacios a la imposición de los límites imprescindibles para su formación como personas. No toleran el fracaso ni aceptan la frustración, como tampoco reconocen sus errores o faltas. 

Según el conferenciante, existen chavales de menos de siete años que, incapaces de controlar sus impulsos, dan puntapiés a sus madres mientras éstas, entonando un débil «eso no se hace», sonríen por no llorar. O que estrellan contra el suelo un bocadillo que no resulta de su agrado para, posteriormente, verse premiados con la compra de un bollo. Conviene tener muy presente que la tiranía infantil degenera a menudo en violencia doméstica juvenil, que se traduce en estados recurrentes de agresividad, absentismo escolar, experiencias de alcoholismo y drogadicción y exigencias económicas desmesuradas. 

Además, en la franja de edad que se extiende entre los doce y los dieciocho años, ese desapego emocional hacia quienes les han dado la vida es ya palpable y difícil de reconducir con éxito. En este sentido, nuestro Código Civil recoge en su artículo 154 la figura del auxilio a la autoridad que, por si no lo saben, puede recabar todo padre que se sienta desbordado por la conducta de su hijo. Por lo tanto, la permisividad en la que a veces se educa a los más pequeños, la corriente de “dejarles hacer” y la prevalencia de sus derechos sobre sus deberes, dan como resultado un proceso de madurez maltrecho y viciado por la ausencia de transmisión de los valores básicos. 

Resulta asimismo incuestionable la enorme responsabilidad de algunos medios de comunicación audiovisual en esta involución social, al actuar como correa de transmisión de unos modelos de comportamiento nocivos, irrespetuosos y banales, a años luz de la urbanidad y de la promoción de la cultura pero, por desgracia, muy rentables desde el punto de vista publicitario y de las audiencias. La solución pasa, pues, por ejercer la autoridad moral paterna con buen criterio (sin olvidar el amor, el humor y el perdón) y por anclar el desarrollo del menor sobre los pilares de la actitud, el esfuerzo y la solidaridad.

lunes, 26 de octubre de 2015

SU ESTELA GUIARÁ MIS PASOS ETERNAMENTE







Comienza hoy la semana que concluirá con el Día de los Fieles Difuntos, cuya jornada posterior albergará la Festividad de Todos los Santos. 

Y, un año más, no recordaré a quienes me precedieron en el tránsito a la otra vida de forma distinta a como lo hago a diario. En mi mente y en mi corazón siguen estando junto a mí, siento su presencia y su aliento, guardo su ejemplo como el bien más preciado y trato de no defraudarles con mis actos allá donde estén. 

Este próximo domingo también rezaré por ellos, como lo hice ayer, como lo haré mañana y siempre. Y les pediré que no me dejen nunca sola, que me ayuden a acertar en mis decisiones, que me sigan enviando señales que sólo yo soy capaz de reconocer. 

Y no dejaré de darles las gracias infinitamente por haberme querido tanto y tan bien, y por haberme dejado como herencia una fe que me esfuerzo en conservar y en transmitir. 

De nuevo limpiaré sus lápidas y colocaré flores maravillosas sobre sus restos, pero tampoco lo haré de forma distinta a como lo hago quincena a quincena. 

Mientras sus nombres, que son mis nombres, adornen el negro y brillante mármol, acudiré a honrarles como se merecen, para que no haya duda de que su familia mantiene en condiciones dignas su última morada terrenal. 

No sé dónde están sus almas pero sí sé que lo que queda de sus cuerpos, que tantas veces besé y abracé, reposa bajo una tierra sagrada que, mientras no me fallen las fuerzas, exhibirá orgullosa, a salvo del barro y de las malas hierbas, los colores y los aromas de la naturaleza. 

Y su estela guiará mis pasos eternamente.

viernes, 23 de octubre de 2015

UN MALTRATADOR NUNCA PUEDE SER UN BUEN PADRE



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 23 de octubre de 2015

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 11 de noviembre de 2015





El Tribunal Supremo acaba de resolver que las condenas por asesinato o intento de asesinato de la pareja podrán incluir directamente la retirada de la patria potestad en el propio proceso penal. Sin más trámites. Hasta ahora, aunque un hombre matara a su mujer y fuera condenado por ello, seguía siendo el responsable de los hijos a los que había dejado huérfanos hasta que se solventase el necesario proceso civil, lo que suponía un retraso muy considerable de tiempo. El atávico concepto de “buen padre de familia” esgrimido por la Jurisprudencia ha resultado siempre tan incuestionado que ni siquiera a causa del homicidio materno se perdía aquel poder omnímodo del “pater familias”. Sin embargo, quienes a partir de ahora decidan matar a las madres de sus vástagos, tendrán antes que valorar si prefieren ser asesinos o padres ya que, por fortuna, ejercer simultáneamente ambas condiciones no les va a ser posible. 

La patria potestad es una figura jurídica cuyo origen se remonta, pues, al Derecho Romano. A través de ella, se confiere a los progenitores la representación legal de los hijos desde un doble contenido personal y patrimonial. Como deberes inherentes a la misma se encuentran los de velar por ellos, tenerles en su compañía, alimentarles, educarles y procurarles una formación integral, así como representarles y administrar sus bienes. Imagino que esa evidente incompatibilidad de ejercerla tras cometer actos tan reprobables como el que da pie a esta pionera sentencia es la que ha debido llevar a los Magistrados del TS a manifestar textualmente que "repugna legal y moralmente mantener al padre en la titularidad de unas funciones respecto de las que se ha mostrado indigno, pues resulta difícil imaginar un más grave incumplimiento de los deberes inherentes a la patria potestad que el menor presencie el severo intento del padre de asesinar a su madre". 

Coincido plenamente con quienes consideran que la decisión adoptada por el Alto Tribunal es justa pero muy tardía, dado que el sentido común y las estadísticas venían demostrando reiteradamente las dramáticas consecuencias de estos crímenes sobre los hijos, así como las del ejercicio de la patria potestad por parte de los asesinos desde prisión. No en vano son numerosos los testimonios de niños que manifiestan temor a quedarse con sus padres en semejantes circunstancias, olvidando a veces los responsables judiciales de su destino que la Convención de los Derechos de los Niños, ratificada por España, señala que “se les debe escuchar conforme a su madurez y edad y tener en cuenta sus opiniones”. 

Asimismo, creo que no es preciso acabar salvajemente con una vida ni hacerlo a ojos vista de los pequeños para tomar una decisión tan acertada (en el caso concreto que ha dado lugar a esta resolución judicial, el acuchillamiento de la madre fue contemplado por la hija en común de ambos, que contaba por aquel entonces con tres años edad, dato que el Ministerio Fiscal ha considerado de extraordinaria relevancia para calificar la acción, además de delito contra la adulta, de ataque frontal contra la integridad moral de la niña y el armónico desarrollo de su personalidad). El clima de continua violencia, los constantes ataques físicos y verbales, el acoso moral, las amenazas recurrentes o el terror ante un nuevo episodio de agresividad ocasionan en el ámbito doméstico perjuicios e impactos equivalentes y que, sin embargo, no son susceptibles de la adopción de medidas similares. 

En otras palabras, si aguardamos al asesinato para retirar o limitar la patria potestad al criminal, la posibilidad de rehabilitación de los niños afectados correrá un grave riesgo y la violencia entendida como método de establecimiento de relaciones se hará hueco en su carácter, dejándoles una huella indeleble. De modo que ese estereotipo falaz de que un hombre puede ser un buen padre a pesar de ser un maltratador deber ser desmontado con urgencia y para siempre. De ellos dependerá elegir ser o lo uno o lo otro.

lunes, 19 de octubre de 2015

DÍA INTERNACIONAL CONTRA EL CÁNCER DE MAMA







En este día mantengo vivo el recuerdo de quienes se fueron y me dejaron su huella eterna.

En este día envío mi abrazo a quienes siguen adelante con su lucha y me brindan su ejemplo.

En este día felicito a quienes ya han ganado la batalla y afrontan el futuro sin mirar atrás.