viernes, 21 de febrero de 2020

SIGAN BAILANDO (PERO NO SIGAN BEBIENDO)




Artículo publicado en El Día el 21 de febrero de 2020

Artículo publicado en La Provincia (Diario de las Palmas) el 22 de febrero de 2020





Es tiempo de Carnaval y, por ende, de fiestas populares y demás celebraciones festivas. En este tipo de escenarios la utilización de las bebidas alcohólicas y de otra clase de drogas es tan antigua como el mundo. Resulta difícil imaginar un evento de estas características cuyo desarrollo no se vea afectado en mayor o menor medida por el consumo de alcohol y de otras sustancias, conformando un estilo de vida ampliamente extendido y hasta aceptado de buen grado en la mayoría de los países de nuestro entorno. Por tanto, trasciende a la consideración de comportamiento meramente individual para convertirse en un hábito de enraizado componente colectivo. 

En honor a la verdad, es preciso reconocer que de unos años a esta parte se ha instalado en nuestra sociedad un modelo de ingesta alcohólica asociada al ocio que nada tiene que ver con el formato tradicional al que antaño estábamos acostumbrados. La incorporación generalizada y cada vez más temprana de los adolescentes a este modo de diversión ha marcado un antes y un después en comparación con el de generaciones precedentes. Se ha ido consolidando progresivamente un patrón juvenil de consumo caracterizado por llevarse a cabo, sobre todo, durante los fines de semana y las vacaciones, y cuya particularidad estriba, no tanto en el hecho de que se beba –quien más, quien menos, ha bebido o bebe, antes y ahora-, sino en la forma compulsiva de beber -que contempla la borrachera como punto de partida ineludible para disfrutar-. 

Pocas experiencias resultan más descorazonadoras que la de presenciar los comas etílicos de niños de apenas catorce años o asistir al momento en el que sus padres acuden a recogerles tras la llamada de aviso de los servicios de urgencia. Ya va siendo hora de preguntarse qué está fallando en nuestra colectividad para que los menores que forman parte de su estructura se expongan a perder el conocimiento con una litrona en la mano sobre un charco de vómitos y orín. Porque, aunque en un primer momento, la desinhibición que provoca la bebida facilite a los chavales la apertura de canales de comunicación, el peaje que tienen que pagar para perder sus miedos es altísimo, puesto que les enfrenta al abuso de determinadas drogas (legales e ilegales) que les crean dependencia física y psíquica. Es obvio que una aspiración fundamental para cualquier joven es desarrollar sus actividades de ocio fuera del control paterno, máxime en esas horas que se reserva para sí y que considera ajenas a la supervisión adulta. Pero no es menos cierto que, si antes, lo habitual para un quinceañero era salir de casa a las cinco de la tarde y regresar a las once de la noche, ahora se intercambian ambos dígitos de las agujas del reloj, para desesperación de unos progenitores sometidos al tradicional “a todos mis amigos les dejan” e incapaces de poner límite a unos horarios que no tienen ni pies ni cabeza. 

La noche brinda a sus hijos el ambiente perfecto para identificarse con sus iguales, para ejercer de rebeldes, para imaginarse dueños de sus actos. En el lenguaje juvenil, beber es sinónimo de disidencia, de emancipación, de afirmación de la identidad, pero cuesta admitir que, si se hace incontroladamente, acarrea gravísimas consecuencias que van desde la alteración de la vida familiar al bajo rendimiento escolar, pasando por el riesgo de embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual o accidentes de tráfico. Esta vertiente del ocio asociado inevitablemente al alcohol y las drogas es uno de los principales fracasos a los que la ciudadanía se ve abocada a diario y requiere ser abordado seriamente y con la máxima prioridad por parte de todos los agentes sociales implicados, empezando por las propias familias y siguiendo por los centros educativos, los medios de comunicación y las Administraciones Públicas. Como en tantos otros asuntos, también en este la unión hace la fuerza pero, mientras tanto, sigan bailando y disfruten de unos felices Carnavales.

viernes, 14 de febrero de 2020

MÁS CINE, POR FAVOR



Artículo publicado en El Día el 14 de febrero de 2020

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 15 de febrero de 2020




Desde que tengo memoria siento una enorme pasión por el Séptimo Arte. Mis recuerdos y experiencias vitales se mezclan indisolublemente con esta desmesurada afición al cine. De hecho, mantengo la costumbre de acudir todos los domingos por la tarde a una sala oscura para dejarme atrapar por las historias que se proyectan en pantalla grande, entre ellas, las recientemente galardonadas en la ceremonia de entrega de los Oscar de Hollywood. El hecho es que, hace algún tiempo, cayó en mis manos una peculiar novela titulada “CINECLUB” cuyo autor, David Gilmour, es un prestigioso crítico cinematográfico canadiense. En ella, el escritor confiesa sin reparos cómo recurrió a determinados filmes en busca de ayuda, anhelando reconducir la trayectoria de un hijo adolescente que llevaba meses manifestando unos comportamientos negativos que le perjudicaban seriamente. 

El joven se negaba a estudiar, tampoco quería trabajar y consumía los días y las semanas dedicado a actividades poco recomendables, de modo que su padre llegó a un pacto con él. Podría dejar de ir al instituto, eludir cualquier empleo y dormir a deshoras pero, a cambio, tendría que mantenerse alejado de las drogas y ver tres películas a la semana en compañía de su progenitor. El muchacho cayó en la trampa aceptando de inmediato y, contra todo pronóstico, inició tras aquella decisión el camino hacia su salvación personal. Gracias a títulos tan dispares como “El ladrón de bicicletas”, “Desayuno con diamantes”, “El padrino” o “¡Qué bello es vivir!”, aquel hombre angustiado consiguió recuperar una relación paterno filial que estaba perdida e impartió a su hijo una trascendental lección de vida, asistido por una cuidada selección de obras maestras. 

No se trata de sustituir el sistema educativo tradicional ni de utilizar esta alternativa exclusivamente en los denominados “casos perdidos” pero, como cinéfila empedernida, defiendo las bondades de los fotogramas como instrumento pedagógico complementario, particularmente para quienes cursan sus estudios en Primaria y Secundaria. Aunque han transcurrido ya varias décadas, guardo el grato recuerdo de que en mi colegio se organizaba con gran éxito una actividad extraescolar la tarde de los viernes que consistía en proyectar un largometraje y celebrar un posterior cinefórum. Con más razón ahora, que vivimos en una época marcada por las nuevas tecnologías, se podrían reproducir iniciativas similares en beneficio de los niños y los adolescentes, habida cuenta que utilizan a diario todo tipo de pantallas, desde la televisión al ordenador pasando por las consolas o los móviles. Así, en vez lamentarnos en vano por la mala influencia que ejercen determinadas cadenas de televisión sobre nuestros menores, podríamos contrarrestarla con una adecuada utilización de otras imágenes en aras de su mejor formación como seres humanos, tanto en los propios centros educativos como en nuestros domicilios. Por suerte, existe un elevado número de cintas con las que conseguir esta meta. 

En este sentido, también recuerdo con satisfacción una actividad complementaria impulsada hace algunos años desde el Departamento de Derecho Constitucional de la Universidad de La Laguna que consistía en la proyección de una serie de largometrajes relacionados con dicha asignatura, cuyas materias se imparten en los dos primeros años de la carrera. Los alumnos tuvieron la oportunidad de visionar, por ejemplo, la película “Leones por corderos” (2007), dirigida e interpretada por Robert Redford. Sé también de primera mano que el debate que se suscitó a continuación resultó particularmente enriquecedor para todos los asistentes y reveló que los jóvenes del campus lagunero estaban (y, por supuesto, continúan estando) llenos de inquietudes y dispuestos a aportar sus puntos de vista para solucionar los graves problemas sociopolíticos que nos afectan actualmente. Me parece una extraordinaria noticia que las nuevas generaciones no se resignen a vivir en un mundo marcado por las desigualdades y contaminado por la idea de un futuro de perspectivas más que sombrías, y el hecho de que renieguen del ambiente de pesimismo en el que a veces nos desenvolvemos los adultos me llena de esperanza.

martes, 11 de febrero de 2020

INCORPORACIÓN DE CHARTER 100 TENERIFE A BPW INTERNATIONAL







Después del importante esfuerzo desarrollado durante dos años y que culminó el pasado viernes con la incorporación de Charter 100 Tenerife a Business Profesional Women (BPW), tocaba canalizar emociones y reponer energías. 

Y qué mejor modo de hacerlo que caminando junto a algunas de mis compañeras charterianas bajo la atenta mirada de un siempre inspirador e imponente Teide. A partir de ahora toca continuar avanzando con el entusiasmo y la convicción que nos caracterizan. 

Próximo objetivo: la visibilización del Equal Pay Day, que tendrá lugar el 22 de febrero y cuyo símbolo representamos con nuestras manos.





viernes, 7 de febrero de 2020

DEPARTAMENTO DE RECURSOS INHUMANOS



Artículo publicado en El Día el 7 de febrero de 2020

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 8 de febrero de 2020

Artículo publicado en Diario de Levante el 8 de febrero de 2020

Artículo publicado en La Opinión de Murcia el 8 de febrero de 2020




Recuerdo aún con claridad el impacto que me produjo la lectura de “Peligro de derrumbe”, del escritor y periodista Pedro Simón, un aguafuerte descarnado sobre la brutal crisis económica con el trasfondo de una infame oferta de empleo. Nueve personas reunidas en una desquiciante sala de espera buscaban desesperadamente un trabajo que les permitiera vivir y, simultáneamente, recuperar su dignidad. Su destino estaba en manos de un director de Recursos Humanos entregado al sadismo y carente del nivel mínimo de humanidad. Y es que hoy quiero poner el dedo en la llaga sobre lo que supone la necesidad perentoria de un puesto de trabajo para millones de ciudadanos de nuestro país, que ven pasar los días, los meses y los años en una agonía tan fácil de explicar como, si no se padece en carne propia, difícil de calibrar. 

Por eso, lanzo al aire algunas preguntas que me generan enormes dudas y recelos como, por ejemplo, cuántas empresas reconocen públicamente sus criterios de selección, o a cuántos de los candidatos no elegidos se les dice el motivo real de su exclusión, o hasta qué punto los tests de personalidad y las entrevistas personales son una puerta abierta a la discriminación e, incluso, a la ilegalidad, por albergar zonas rojas difíciles de controlar. Que siempre subyace un aspecto subjetivo en los sistemas de contratación es una realidad indiscutible, como lo es también que, si los contenidos de los formularios se centran en capacidades como la empatía, la habilidad de reflexión, la cualidad de trabajar en equipo o la calidad del currículum aportado, resultan perfectamente defendibles. 

Lo que no es admisible de ningún modo es la recurrente tendencia a inmiscuirse en cuestiones tales como el estado civil, las creencias, la ideología o los planes de tener hijos en el futuro. En lo tocante a este último aspecto, las mujeres en edad fértil continúan teniendo todas las de perder. Todavía retumban en mis oídos aquellas declaraciones de la antaño presidenta del Círculo de Empresarios, Mónica de Oriol, abogando por contratar a féminas mayores de cuarenta y cinco años o menores de veinticinco, para evitar de ese modo bajas maternales inconvenientes y poco rentables. Pero, llegados a este punto tan desgraciadamente habitual, ¿cómo poder denunciar estas prácticas, a menudo sutiles y sibilinas, y, por ende, casi imposibles de probar? ¿quién se arriesga a grabar una conversación cuando la necesidad de conseguir unos ingresos es tan perentoria y si, además, el resto de candidatos están dispuestos a pasar por cuantos aros circenses se les presenten en el camino? 

Tampoco se debe olvidar que el contratador tiene siempre la facultad de esgrimir la superior preparación para el puesto de su escogido que de sus rechazados. Aun así, conviene no perder la perspectiva de que, si se utiliza como escala de puntuación su situación familiar o personal, se le está estigmatizando seriamente. Salvo excepciones justificadas por exigencias de la concreta función a desempeñar, ninguna entrevista de trabajo debería abordar las siguientes cuestiones: cuántos años tiene; cuándo se licenció; si padece alguna enfermedad o discapacidad; si está casado, soltero o divorciado; si está embarazada; si es homosexual o heterosexual; si tiene hijos o intención de formar una familia; si forma parte de un club; si está afiliado a algún partido político; o si es creyente o ateo, entre otras. 

Son preguntas que vulneran el derecho a la intimidad y ningún empleador debería formularlas. De lo contrario, podría enfrentarse a una denuncia civil y hasta penal, en función del daño sufrido por el aspirante, la publicidad que se le haya dado a dichas informaciones y las consecuencias generadas por la situación sufrida. Sin embargo, la triste realidad, ese peligro de derrumbe al que aludía Pedro Simón, es que, si alguien necesita imperiosamente una salida, contestará lo que sea porque, en caso contrario, perderá su pasaje en favor de otro náufrago. ¿Quién dijo que la esclavitud era una reliquia del pasado?

viernes, 31 de enero de 2020

SOBRE LA NEGATIVA A LAS PRUEBAS DE PATERNIDAD


Artículo publicado en El Día el 31 de enero de 2020

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 1 de febrero de 2020




Por asombroso que pueda parecer, más de una estadística revela que en torno al 10% de los menores no son hijos biológicos de su supuesto padre. La comprobación de una realidad tan amarga gracias a los avances de la genética es, a día de hoy, un motivo de divorcio que en épocas pasadas, por falta de medios técnicos, no se contemplaba. En ese sentido, recibí hace algún tiempo una consulta acerca de un asunto relacionado con una negativa judicial a la realización de unas pruebas de paternidad. El interesado pretendía averiguar a instancias suyas -y aquí estriba la novedad- si era el padre biológico de un niño. Lo normal en estos casos es que los varones se nieguen a colaborar en el esclarecimiento de su condición, de modo que me resultó sorprendente enfrentarme al caso contrario. 

No es infrecuente toparse con individuos que, al negarse a reconocer legalmente a sus descendientes, aboquen a la mujer a acudir a la vía judicial. Por lo tanto, no está de más clarificar algunas ideas acerca de un tema tan espinoso. La descendencia de las mujeres es siempre clara e identificable, cuestión que no ocurre con la de los varones. Dicho de otro modo, la maternidad es un hecho, mientras que la paternidad es una mera presunción. El Derecho ha intentado, con mejor o peor fortuna, solventar cuantos extremos han ido surgiendo en torno a una delicada materia que afecta, al menos, a tres bandas: la madre, el padre y el vástago. En las demandas de paternidad es el propio demandante quien está obligado a acreditar una serie de indicios que doten de cierta eficacia probatoria a los hechos que van a constituir el centro de su pretensión. 

Complemento imprescindible a dichos indicios es la realización de las pertinentes pruebas biológicas que certifiquen la relación parental a demostrar. En concreto, la prueba de ADN posee una efectividad cercana al 99,9% y, en cuanto a su eficacia procesal, supera sin discusión al restante material probatorio esgrimido. Sin embargo, y aunque se dicte una orden judicial expresa, no existe medio coercitivo alguno que pueda obligar a un individuo a la realización de la citada prueba, que suele consistir en un frotis bucal o en un análisis capilar. Es indudable que esta clase de procesos sitúa a los afectados ante un conflicto de derechos y de bienes jurídicos protegidos que las leyes correspondientes tratan de armonizar. 

Por un lado, se alza el derecho filial a conocer la propia identidad y a obtener los apellidos y la herencia que le pertenecen. Esta acción puede ejercerse durante toda la vida, aunque durante la minoría de edad debe efectuarse a través de un representante legal o del Ministerio Fiscal. Por otro, se halla el derecho de la madre a clarificar la paternidad de su criatura. Y, por último, el derecho del supuesto padre a la integridad física, al honor, a la intimidad y a la privacidad. Conviene resaltar que, si la negativa de éste a la investigación es injustificada, los tribunales podrán equipararla a una confesión presunta. De hecho, el propio Tribunal Constitucional ya se ha manifestado al respecto, afirmando que "el derecho a la integridad física y a la intimidad personal no se infringe cuando alguien debe someterse a una prueba prevista en las leyes y acordada razonablemente por un juez". 

Tampoco hay que olvidar que la vigente Constitución Española equipara a todos los efectos la filiación de los hijos matrimoniales y extramatrimoniales. En conclusión, lo verdaderamente relevante en este sensible asunto es constatar que el TC no avala en ningún caso una declaración de paternidad basada única y exclusivamente en la negativa del demandado a someterse a las pruebas biológicas pertinentes. Para evitar reclamaciones carentes de base, también es requisito sine qua non la concurrencia de otros indicios fehacientes que corroboren la relación mantenida por la pareja y que dio origen al nacimiento del descendiente de ambos.

martes, 28 de enero de 2020

PREMIOS GOYA 2020






La cinta de Pedro Almodóvar “Dolor y gloria” ha resultado la gran vencedora de la 34 edición de los Premios Goya, obteniendo siete galardones, entre ellos tres de los cuatro más importantes: película, director, guion original y actor principal. 


LISTADO COMPLETO DE GANADORES


MEJOR PELÍCULA: “Dolor y gloria”

MEJOR DIRECCIÓN: Pedro Almodóvar por “Dolor y gloria”

MEJOR ACTOR PROTAGONISTA: Antonio Banderas por “Dolor y gloria”

MEJOR ACTRIZ PROTAGONISTA: Belén Cuesta por “La trinchera infinita”

MEJOR DIRECCIÓN NOVEL: Belén Funes por “La hija de un ladrón”

MEJOR GUION ORIGINAL: Pedro Almodóvar por “Dolor y gloria”

MEJOR GUION ADAPTADO: Benito Zambrano, Daniel Remón y Pablo Remón por “Intemperie”

MEJOR MÚSICA ORIGINAL: Alberto Iglesias por “Dolor y gloria”

MEJOR CANCIÓN ORIGINAL: Javier Ruibal por “Intemperie”

MEJOR ACTOR DE REPARTO: Eduard Fernández por “Mientras dure la guerra”

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO: Julieta Serrano por “Dolor y gloria”

MEJOR ACTOR REVELACIÓN: Enric Auquer por “Quien a hierro mata”

MEJOR ACTRIZ REVELACIÓN: Benedicta Sánchez por “La trinchera infinita”

MEJOR DIRECCIÓN DE PRODUCCIÓN: Carla Pérez de Albéniz por “Mientras dure la guerra”

MEJOR DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Mauro Herce por “Lo que arde”

MEJOR MONTAJE: Teresa Font por “Dolor y gloria”

MEJOR DIRECCIÓN ARTÍSTICA: Juan Pedro de Gaspar por “Mientras dure la guerra”

MEJOR DISEÑO DE VESTUARIO: Sonia Grande por “Mientras dure la guerra”

MEJOR MAQUILLAJE Y PELUQUERÍA: Ana López-Puigcerver, Belén López-Puigcerver y Nacho Díaz por “Mientras dure la guerra”

MEJOR SONIDO: Iñaki Díez, Alazne Ameztoy, Xanti Salvador y Nacho Royo-Villanova por “La trinchera infinita”

MEJORES EFECTOS ESPECIALES: Mario Campoy e Iñaki Madariaga por “El hoyo”

MEJOR PELÍCULA DE ANIMACIÓN: Sygnatia, S.L., The Glow Animation Studio y Hampa Studio por “Buñuel en el laberinto de las tortugas”

MEJOR PELÍCULA DOCUMENTAL: Kokoro Films, S.L., por “Ara Malikian, una vida entre las cuerdas”

MEJOR PELÍCULA IBEROAMERICANA: “La odisea de los giles” (Argentina-España)

MEJOR PELÍCULA EUROPEA: “Los miserables” (Francia)

MEJOR CORTOMETRAJE DE FICCIÓN: Irene Moray por “Suc de Síndria”

MEJOR CORTOMETRAJE DOCUMENTAL: Silvia Venegas Venegas por “Nuestra vida como niños refugiados en Europa”

MEJOR CORTOMETRAJE DE ANIMACIÓN: José Luís Quirós y Paco Sáez por “Madrid 2120”