Este sonriente caballero de las imágenes acaba de superar en cuatro primaveras el medio siglo de vida, más de cuya mitad he tenido ya la inmensa fortuna de compartir.
Cuando, como regalo de compromiso, le entregué grabado ese reloj de bolsillo que, décadas después, escogió para ilustrar la portada de su primera novela, EL PESO DEL TIEMPO, aún no podía calibrar cuán plena me resultaría la existencia junto a él.
Porque, más allá de extraordinario hijo, hermano, esposo, padre, amigo, compañero, docente, jurista y escritor, Gerardo continúa siendo "en el buen sentido de la palabra, bueno".
Feliz cumpleaños, mi amor. A seguir sumando amaneceres juntos.


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