El pasado 25 de junio di inicio a mi tradicional rueda de celebraciones y en ella sigo. No hay duda de que el jueves es mi día, como ya sucediera sesenta y dos veranos atrás.
En una Pamplona ansiosa por iniciar el estío y con el fin de semana en puertas, llegué a este mundo convulso en el que, por fortuna, todavía permanezco. Y lo cierto es que, seis décadas después, me acompaña la misma ilusión por festejar esta fecha.
Así que voy a pedir de nuevo mi deseo más recurrente: seguir compartiendo espacio y tiempo con quienes son esenciales para mí y sin cuya existencia mi vida no sería como es. Los que tengo cerca y los que me acompañan desde la distancia. Los que no me olvidan y a quienes tampoco yo olvido.
Su recuerdo y su felicitación serán, como siempre, el mejor regalo. Desde mi luminosa Tenerife, donde oramos incesantemente por una Venezuela rota de dolor, un cariñosísimo abrazo para todos.
Y gracias sin fin...

No hay comentarios:
Publicar un comentario