martes, 7 de julio de 2026

¡VIVA SAN FERMÍN! Tan lejos, tan cerca...



¡VIVA SAN FERMÍN! Tan lejos, tan cerca... 

Hoy, 7 de julio, como pamplonesa de cuna, alma y corazón, comparto este maravilloso texto dedicado al excelso copatrón de Navarra en su magna festividad. Infinitas gracias a su autor, D. Javier Leoz Ventura, párroco de la iglesia de San Lorenzo, que alberga al venerado “santo morenico” en la preciosa capilla cuya imagen adjunto. Que él nos proteja siempre bajo su manto. 

“San Fermín no es un personaje del pasado ni un simple símbolo de nuestras fiestas. Es nuestro patrón, el testigo valiente de una fe que echó raíces en esta tierra y que ha llegado hasta nosotros generación tras generación. Por eso, la fiesta patronal no es cualquier cosa. No puede convertirse en una cita más del calendario, ni en un rito repetido, ni en una excusa para olvidar quiénes somos. Estos días Pamplona y Navarra se visten de blanco y rojo. Suenan las campanas, desfilan los gigantes y cabezudos, resuenan los txistus, las gaitas, las bandas, las jotas... Los pétalos vuelan sobre el santo, las ofrendas se multiplican y miles de voces llenan las calles. Todo eso es hermoso. Todo eso forma parte de nuestra identidad. Pero todo ello tiene un corazón, una razón de ser: San Fermín. Que nuestra mirada sea para él. Que nuestra oración sea para él. Que nuestros aplausos sean para él. Que nadie suplante la esencia de estas fiestas ni eclipse la bendición que el santo derrama sobre su pueblo. Quizá sea el momento de dejar a un lado todo aquello que ensucia el resto del año: el egoísmo, el rencor, la indiferencia, los excesos que degradan a la persona. Que estos días nos hagan mejores, más fraternos, más alegres, más creyentes, más humanos. Mantener vivo el verdadero sentido de San Fermín es tarea de todos, pero especialmente de quienes creemos que estas jornadas tienen una dimensión que va más allá de la fiesta. Porque, si no, pasarán los días, volverá el silencio a las calles y nos quedaremos con el cuerpo cansado... pero con el alma vacía. Que no sea así. Que niños y mayores, jóvenes y ancianos, familias enteras y quienes nos visitan descubran que detrás del pañuelo rojo hay una historia de fe; detrás de la procesión, un pueblo agradecido; detrás del grito, un santo que sigue señalándonos el camino de Cristo. Y entonces sí, con el corazón lleno y el alma agradecida, podremos gritar como lo hicieron nuestros padres y nuestros abuelos, como lo harán nuestros hijos y nuestros nietos: ¡VIVA SAN FERMÍN!

No hay comentarios:

Publicar un comentario