Este blog nace como respuesta a la inesperada acogida de mis artículos publicados en el periódico LA OPINIÓN DE TENERIFE. Aspiro a que sea un cauce, desde la libertad y el respeto, para expresar ideas y compartir sentimientos.
martes, 31 de julio de 2012
jueves, 26 de julio de 2012
LOS FALSOS VIDENTES O CÓMO LUCRARSE CON LA DESGRACIA AJENA
Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 26 de julio de 2012
Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 28 de julio de 2012
Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 28 de julio de 2012
Tal vez existan espíritus puros que utilicen sus facultades extrasensoriales sin ninguna finalidad recaudatoria, tan sólo movidos por el único afán de hacer el bien. Si eso es así, no es a ellos a quienes van dedicadas estas líneas sino a ese ejército de estafadores que se publicitan, básicamente, a través de dos vías de comunicación: los anuncios por palabras y los canales televisivos de tercera división.
Contra todo pronóstico, este tipo de negocios alternativos, lejos de sumarse al carro de la crisis económica, no sólo se mantienen sino que, incluso, repuntan por mor de la imperiosa necesidad ciudadana de confiar en algo o alguien que les empuje a sobrevivir más allá de los sacrosantos mercados o las caníbales agencias de calificación.
Por lo que se refiere al sector de los periódicos de papel, en él encuentran acomodo videntes internacionales de “reconocido prestigio” que suelen proceder del África subsahariana y que descienden en línea recta de antiguos chamanes de tribus alejadas de la civilización. Sus vastos conocimientos, unidos a sus extraordinarios poderes, son las armas perfectas de las que se sirven para estafar a sus potenciales víctimas. Para ello, se ayudan de recetas, pócimas y brebajes que ora te quitan el mal de ojo, ora te emparejan con el hombre de tus sueños, ora te facilitan un puesto de trabajo de por vida. Las fotos de tan cualificados profesionales de la brujería al por menor, cuya expresión facial resulta lo suficientemente disuasoria como para no arriesgarse a marcar el ruinoso 806 que la acompaña, no parecen, sin embargo, atemorizar a su incauta clientela, compuesta mayoritariamente por seres vulnerables cuya baja autoestima y elevada inseguridad les lanzan en brazos de tarots y bolas de cristal, en su empeño de dar esquinazo al miedo y a la soledad. Para su desgracia, el escaso apoyo social con el que cuentan dificulta la posibilidad de que terceras personas con criterio les insten a solicitar la ayuda especializada que, sin ningún género de duda, precisan.
En cuanto al segundo entorno, el de esos platós de televisión cuyos decorados son un auténtico atentado al buen gusto, lo frecuentan adivinas de pacotilla, normalmente de mediana edad, y que presentan algunas peculiaridades comunes, entre ellas unos nombres de pila que asustan al miedo y una selección de atuendos, peinados y maquillajes -grotescos todos ellos- incompatibles con el más mínimo viso de elegancia o sencillez. Entre tallas de vírgenes y estampas de santos diseminados sobre tapetes astrales, proceden a mostrar a cámara las cartas de La Muerte, El Ermitaño o La Emperatriz, para, cien euros más tarde, comunicar a su llorosa interlocutora el supuesto remedio a sus males. Y así, entre fraudes y estafas, estos traficantes de esperanzas van engordando sus cuentas corrientes a costa de la desgracia ajena.
Es evidente que estas prácticas tan miserables no van a desaparecer de la noche a la mañana. Siempre habrá individuos dispuestos a aprovecharse de los más débiles y tampoco faltarán damnificados que, por ignorancia o desesperación, acudan a ellos en busca de ayuda. Pero sería un gran avance que, desde los estamentos correspondientes se tomaran las medidas oportunas para evitar unas actividades que, sobre todo en épocas de crisis económica, van en aumento. Revisar los permisos y licencias de las cadenas de televisión o supervisar los ingresos de las líneas telefónicas asociadas a estos negocios podría ser un buen comienzo, sin olvidar la imprescindible interposición de denuncias por parte de los propios afectados. De ese modo, sería infinitamente más sencillo conseguir que numerosas personas que atraviesan por un mal momento dejaran de ser engañadas no sólo económica sino también emocionalmente.
http://www.laprovincia.es/opinion/2012/07/28/falsos-videntes/473125.html
http://www.laprovincia.es/opinion/2012/07/28/falsos-videntes/473125.html
martes, 24 de julio de 2012
LA OPINIÓN DE LOS MENORES EN LOS PROCESOS DE DIVORCIO
Artículo publicado en la revista de habla hispana "La Ruptura" el 24 de julio de 2012
Pocas situaciones nos resultan más ingratas a los profesionales del Derecho que las que nos colocan ante la tesitura de solicitar una pericial psicológica a un menor y, en su caso, llevarle delante de un juez para ser sometido a una exploración -sin que ello suponga necesariamente hacerle declarar en el estrado-.
En concreto, la pregunta que en numerosas ocasiones se formulan los involucrados en los procesos de divorcio es la relativa a cuándo deben ser escuchados los testimonios infantiles y si esta opción beneficia o perjudica a sus protagonistas. En mi opinión, tal posibilidad debería emplearse con más frecuencia y a continuación explicaré por qué.
En contra de la práctica habitual de los Juzgados de Familia, los pequeños deberían ser escuchados por los jueces antes que ningún otra parte del proceso y desde el momento mismo en el que los juzgadores tuvieran noticia del conflicto familiar de referencia.
Como punto de partida, conviene dejar claro que, aunque tal vez adolezcan de los suficientes conocimientos, los chavales cuentan generalmente con una inteligencia más que de sobra para sacar conclusiones basadas tanto en sus experiencias personales como en aquellos recuerdos que albergan en su mente y en su corazón. No hay que olvidar que son testigos altamente cualificados de cuanto acontece en el hogar y, por ende, pueden clarificar mejor que nadie la veracidad o falsedad de las acusaciones recíprocas que los cónyuges vierten a menudo en las salas de vistas.
Por lo tanto, escuchar a estos chicos al inicio del procedimiento evitaría en gran medida el tan temido Síndrome de Alienación Parental (SAP), puesto que se impediría que el progenitor alienador –normalmente, el custodio- dispusiese del período necesario para manipular al menor, una tentación bastante común, por desgracia, en la que caen los futuros divorciados. Esta medida tomada a tiempo resultaría muy útil para que los pequeños no estuvieran expuestos a algunas malas interpretaciones, como creer que el padre o la madre ausentes no les llaman nunca por teléfono o no les visitan porque no les quieren o no cumplen con sus correspondientes obligaciones económicas.
En este sentido, tanto el Código Civil como la Ley de Protección Jurídica del Menor aluden como única condición la de que los pequeños cuenten con un grado suficiente de juicio para ser escuchados por sus Señorías. También la Convención sobre los Derechos del Niño recurre al concepto de madurez de modo genérico, sin establecer ningún límite o nivel (como sucede con los doce años en las declaraciones en sede judicial).
En cualquier caso, para constatar si una persona posee dicho grado, debería tener la oportunidad de ser escuchada previamente. La madurez del ser humano se mide por diversos parámetros, desde la carga genética hasta la educación recibida, y no debería asociarse exclusivamente a su fecha de nacimiento. Así como hay adultos eternamente inmaduros, también existen niños cuya capacidad de raciocinio está fuera de toda duda y que merecen ser escuchados y atendidos. Sólo así será posible salvaguardar su derecho a ser felices y a crecer en un entorno familiar adecuado, sea en régimen de custodia individual o de custodia compartida.
Pero de poco sirve este trámite de exploración de los menores si, a la postre, su opinión no es tenida en cuenta en la medida que debería serlo. Creo que vale la pena reflexionar con la máxima seriedad sobre este delicado asunto.
http://www.feriadeldivorcio.com/2012/07/24/la-opinion-de-los-menores-en-los-procesos-de-divorcio/
http://www.feriadeldivorcio.com/2012/07/24/la-opinion-de-los-menores-en-los-procesos-de-divorcio/
viernes, 20 de julio de 2012
FIESTAS POPULARES: UNA DEGENERACIÓN QUE NO CESA
Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 20 de julio de 2012
En cuanto el séptimo mes asoma en el calendario me enfrento invariablemente a la misma pregunta, formulada por amigos y vecinos: ¿este año tampoco vas a los Sanfermines? Y de mi boca brota idéntica respuesta: no, las fiestas que yo conocí pasaron a mejor vida hace décadas para nunca más volver.
Sólo yo sé hasta qué punto me llena de tristeza reconocer que la Pamplona que me vio nacer, elegida recientemente la mejor ciudad para vivir de toda España, sufre una lamentable mutación entre los días 6 y 14 de julio, nueve jornadas en las que los excesos derivados de sus fiestas patronales la convierten en un enclave cuyos habitantes aparecen a los ojos del mundo entero como unos beodos crónicos.
Sería muy injusto por mi parte afirmar que no existen salvedades a estos comportamientos tan degradantes, o que no sea posible disfrutar también de actividades lúdicas, culturales y religiosas alejadas del etilismo y del desmadre mayoritarios. Pero, por desgracia, no son más que eso, meras excepciones alejadas a años luz de la regla general y limitadas a un sector de la población que o está integrado por niños pequeños o ronda casi la tercera edad.
El bueno de San Fermín -como pasa con tantos y tantos santos y vírgenes que ejercen su patronazgo en la inmensa mayoría de nuestros pueblos y ciudades- no es más que una burda excusa para justificar ese descontrol que se inicia con el lanzamiento del chupinazo y concluye con el “Pobre de mí”. Atraídos por el incívico reclamo de un “todo vale” ganado a pulso, las hordas de visitantes toman las calles pamplonesas dispuestas a divertirse al máximo y a olvidar sus problemas cotidianos a lo largo de una semana ininterrumpida. Hasta ahí, perfecto, si no fuera porque, de un tiempo a esta parte, parece imposible que las masas lo pasen bien si no pierden el control de sus actos, naturalmente con la inestimable colaboración del alcohol y del resto de drogas que proliferan en el mercado. Como consecuencia de esta realidad -tan triste como recurrente- los sujetos se animalizan y pierden toda capacidad de pensar en nada que trascienda a su egoísta concepto de la diversión, en el que, obviamente, la solidaridad no encuentra hueco. Es inútil apelar al respeto por el descanso de los niños, o por el bienestar de los ancianos, o por las necesidades de los enfermos. Ahora no, ahora lo que toca es destrozar el mobiliario urbano, esparcir la basura, orinar por las esquinas y aparearse por los rincones, aunque sea a plena luz del día. Y mucho ojo con afear las conductas ajenas porque, en el mejor de los casos, te acusan de rancio y, en el peor, te mandan a Urgencias con un botellazo en la frente.
Capital navarra al margen, comportamientos similares se reproducen en el extenso abanico de nuestras romerías y fiestas populares, desde los Carnavales a las Fallas, desde la Feria de Abril al Pilar. En este sentido, basta con recalar en cualquier medio de comunicación para atragantarse con noticias como la referida a los incidentes que acaban de tener lugar en el tinerfeño Puerto de la Cruz en su multitudinaria Embarcación de la Virgen del Carmen: agresiones a varios de sus portadores, venta de alcohol a niños, comas etílicos o sexo explícito en la calle, ante la estupefacción de los agentes de la autoridad.
Es imprescindible y urgente decir alto y claro que estas conductas son rechazables desde todos los puntos de vista y que deben ser denunciadas y, en la medida de lo posible, evitadas en futuros festejos. No es de recibo que el resto de la ciudadanía tenga que exponerse a situaciones de riesgo, haya de sufrir ofensas hacia sus creencias y sentimientos más íntimos o esté obligada a presenciar escenas denigrantes que nada tienen que ver con un ocio digno.
domingo, 15 de julio de 2012
FIMUCITÉ O LA PERFECTA COMBINACIÓN ENTRE EL CINE Y LA MÚSICA
La pasada noche, en el espectacular marco del Auditorio de Tenerife, tuvo lugar la Gala de Clausura de la sexta edición de FIMUCITÉ, Festival Internacional de Música de Cine, una cita que se ha ido consolidando desde su nacimiento en 2006 y cuyo prestigio ha traspasado con creces las fronteras de nuestro país.
Todos los aficionados al Séptimo Arte solemos ser, a su vez, grandes amantes de las bandas sonoras, a las que consideramos obras de arte con entidad propia y que pueden y deben ser valoradas y disfrutadas al margen de estar creadas para acompañar a unas imágenes en movimiento. Por esa razón, no podía dejar pasar la oportunidad de asistir al último concierto de esta edición, que además conmemoraba el centenario de uno de los más relevantes estudios cinematográficos del mundo: Universal Pictures.
De allí partieron numerosísimas obras maestras que década tras década nos han permitido soñar más allá de lo imaginable, de modo que la selección de partituras que interpretó la prestigiosa Orquesta Sinfónica de Tenerife dirigida por el compositor Diego Navarro y acompañada por el Tenerife Film Choir no pudo ser más acertada:
Fanfarria de Universal Pictures (Jerry Goldsmith)
Frankenstein (Bernard Kaun)
Drácula (John Williams)
Wolf (Danny Elfman)
The Mummy (Jerry Goldsmith)
El cabo del terror (Bernard Herrmann)
Matar a un ruiseñor (Elmer Bernstein)
Campo de sueños (James Horner)
Aeropuerto (Alfred Newman)
Fievel y el Nuevo Mundo (James Horner)
Un horizonte muy lejano (John Williams)
En el estanque dorado (Dave Grusin)
Tomates verdes fritos (Thomas Newman)
Love Actually (Craig Armstrong)
Una mente maravillosa (James Horner)
¿Conoces a Joe Black?(Thomas Newman)
El Lorax (John Powell)
El Lorax (John Powell)
Llamaradas (Hans Zimmer)
Regreso al futuro (Alan Silvestri)
Conan el Bárbaro (Basil Poledouris)
La belleza ofrece infinidad de rostros pero, cuando su vestimenta se compone de notas musicales, posee el don especial de trasladarnos a otro mundo, el mundo de los sueños, ese universo de ficción en el que todo es posible si cierras los ojos y dejas volar la IMAGINACIÓN: http://vimeo.com/44445353
martes, 10 de julio de 2012
BORRAR LOS MALOS RECUERDOS NO ES UNA BUENA IDEA
Vivimos tiempos en los que conviven sin dificultad determinados fenómenos aparentemente contradictorios. Así, mientras cientos de investigadores centran sus esfuerzos en remendar los hilos de la memoria, otros tantos recorren el camino inversamente, tratando de encontrar una vía que nos permita eliminar los malos recuerdos, una especie de borrador selectivo que anule tan sólo aquéllos que nos torturan insistentemente.
Esta idea asociada a la ciencia ficción no es nueva y, de hecho, ha sido llevada a la literatura y al cine en numerosas ocasiones. Las víctimas de un TEPT (trastorno de estrés postraumático) protagonizan a menudo historias de angustia y sufrimiento que pueblan bibliotecas y salas de proyección. Son individuos que reviven su trauma una y otra vez, ya sea a través de pesadillas, de flashbacks o de remembranzas intrusas que escapan a cualquier control racional. En un porcentaje muy notable acuden a las consultas de psicólogos y psiquiatras que, a través de terapias o medicación, luchan por rescatarles del pozo de unas dramáticas experiencias que no olvidan pero cuya carga negativa consiguen rebajar con el paso del tiempo.
Siempre me ha preocupado esta tendencia -a mi modo de ver, errónea- de querer solucionarlo todo con pastillas. Me resulta muy inquietante pensar que algún día sea factible tirar de goma de borrar para suprimir los recuerdos que nos causaron, nos causan y nos causarán dolor. Los desamores, las muertes, los fracasos laborales, las amistades perdidas, la distancia… Su hipotético olvido nos dejaría indefensos, sin armas con las que poder combatir los embates venideros del destino y expuestos a cometer los mismos errores, diseñados como estamos para tropezar una y otra vez con la misma piedra.
Los seres humanos somos la suma de lo que hemos sufrido y de lo que hemos gozado. Por extraño que pueda parecer –y sé de lo que hablo- un proceso de duelo bien llevado permite que el sufrimiento ocupe un espacio en el que los malos recuerdos no estorban. ¿Qué es la vida sino una mezcla de aciertos y de errores, de fracasos y de superación? Lo que nos hace verdaderamente personas es nuestra memoria, formada por una combinación singular de episodios dichosos y desoladores y esa hipotética posibilidad de manipularla nos condenaría a ser una sociedad perturbada, una colectividad contra natura.
Yo no quiero olvidar mi pasado porque me ayuda a enfrentar mi presente.
Porque recordar es volver a vivir, en soledad o entre fantasmas.
jueves, 5 de julio de 2012
EL PREOCUPANTE FENÓMENO DE LOS "ABUELOS ESCLAVOS"
Artículo publicado en la revista de habla hispana "La Ruptura" el 5 de julio de 2012
El Teléfono de la Esperanza es una ONG de acción social y cooperación que funciona como entidad de voluntariado pionera en la promoción de la salud emocional de personas en situación de crisis individual o familiar. Este servicio de apoyo telefónico que desarrolla tan loable labor en numerosas ciudades españolas ha detectado en los últimos años un considerable aumento de los denominados “abuelos esclavos”. De todos los miembros que integran la unidad familiar contemplada en sentido amplio, ellos son quienes padecen con una mayor intensidad las consecuencias del nuevo modelo de sociedad en que vivimos. Desde la incorporación de la mujer al mercado laboral, el rol de los abuelos ha variado sustancialmente y no pocos se han transformado en cuidadores habituales de sus nietos, hasta el extremo de convertirse en unos auténticos padres sustitutos.
Este fenómeno se manifiesta de modo preocupante siempre que no se recurra a ellos de forma ocasional y voluntaria sino permanente y obligatoria. En otras palabras, esa colaboración resulta imprescindible para que la economía de sus hijos no quiebre y, en consecuencia, su disponibilidad debe ser completa y, sobre todo, gratuita. Si a ello se añade el lógico desgaste tanto físico como psicológico de los afectados, es fácil de entender que, en un elevado porcentaje, utilicen esta vía de comunicación en busca de inicial desahogo y posterior consuelo. No cabe duda de que el contacto entre ambas generaciones es sumamente positivo desde el punto de vista emocional pero sería deseable que no degenerara en una especie de pseudo empleo con el consiguiente estrés adicional asociado a su obligatoriedad, aún más patente a causa de la actual crisis económica.
No es infrecuente encontrar hoy en día a personas de entre sesenta y cinco y setenta y cinco años completamente desbordadas por esta nueva ocupación. Obsesionadas por no defraudar las expectativas de sus propios hijos -algunos de ellos inmersos en procesos de divorcio- tal exceso de responsabilidad les supone un lastre que puede llegar a provocarles trastornos en la salud. Es una patología que los psicólogos ya han bautizado como “síndrome del abuelo esclavo”. Una jornada tipo suele iniciarse a muy temprana hora llevando a los menores al colegio o a la guardería. A veces les recogen al mediodía y, después de darles la comida que previamente han cocinado, les devuelven nuevamente a los centros escolares hasta que finalizan las clases. Después, vigilan sus juegos en calles y plazas y no es raro verles fracasar en el intento de alcanzar a los pequeños que se arrancan en veloz carrera. A última hora de la tarde, recalan en su domicilio para hacer la tarea y allí acuden al rescate unos padres (juntos o por separado) habitualmente cansados y que limitan su diario contacto paterno filial a la hora del baño y de la cena.
Reflexionar sobre esta compleja realidad debe constituir el punto de partida para la búsqueda de un equilibrio que beneficie a las tres generaciones, aunque la máxima responsabilidad de que esta relación a tres bandas funcione correctamente recae sobre la segunda. El cuidado de los niños de forma organizada y saludable puede ser una motivación para quienes afrontan las últimas etapas de la vida, pero siempre y cuando no descuiden sus propias necesidades. Con una jubilación más que merecida tras décadas de trabajo, están en su perfecto derecho a gozar de tiempo libre, frecuentar amistades, practicar deportes o, sencillamente, no hacer nada. Es injusto que a esas edades siga recayendo sobre sus espaldas la misión de una nueva crianza infantil que no les corresponde ni por obligación ni por devoción.
lunes, 2 de julio de 2012
¿SE PUEDE AMAR A ESPAÑA SIN QUE A UNO LE TACHEN DE FACHA?
Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 2 de julio de 2012
Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 9 de julio de 2012
Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 9 de julio de 2012
Para responder a tan peliaguda cuestión, que me formulo a raíz del despliegue de enseñas rojigualdas motivado por la celebración de la Eurocopa 2012, convendría aclarar previamente qué se entiende hoy en día por España y qué por facha, más que nada porque la lengua castellana está siendo objeto de frecuentes e inmisericordes ataques por parte de sus propios guardianes y una ya no sabe a qué carta quedarse en lo tocante al significado real de los vocablos. ¿Cómo entender si no que los miembros de la Real Academia hayan decidido incluir en la reciente actualización de su Diccionario términos como toballa con la excusa de que están socialmente muy arraigados? Me pregunto qué será lo próximo. Personalmente, y por la misma regla de tres, yo voto por cocreta, delicia gastronómica no menos enraizada en nuestra cultura popular.
La España global (o lo que queda de ella), pese a sus numerosas virtudes, padece algunos defectos que le perjudican sobremanera. Dejando al margen la envidia- nuestra indiscutible “marca de la casa”-, los españoles somos muy dados a enfrentarnos en dos bandos, reminiscencia de una guerra civil fratricida de la que no hemos aprendido casi nada. Por esa razón, nos encanta clasificarnos en fachas o rojos, españolistas o nacionalistas, madridistas o culés, creyentes o ateos, machos o sarasas, racistas o integracionistas,… y encajamos con dificultad la saludable opción de mezclar dichos aspectos. Por lo visto, la gama de los grises nos parece altamente sospechosa. Aquí los comunistas no pueden creer en Dios ni los conservadores renegar del Altísimo. Tampoco se considera normal ser de derechas y estar a favor del matrimonio homosexual o socialista y manifestarse en contra del aborto. Y, por supuesto, ser un auténtico independentista implica preferir que ganen todos y cada uno de los equipos que se enfrenten a La Roja mientras se abuchea a los jugadores del Barça o del Athletic que forman parte de la selección campeona del mundo. Así nos luce el pelo, ignorantes de una Historia verdadera que apenas tiene que ver con la que, fruto de los complejos que arrastramos desde la Transición, están aprendiendo nuestros jóvenes en los centros escolares de las diecisiete ruinas autonómicas.
Desde que el mundo es mundo, el género humano se ha enzarzado en una sucesión de luchas y contiendas que han dado lugar a los distintos Estados que lo conforman. Cualquier ciudadano con un mínimo de criterio debería saber que los pueblos son lo que son en virtud de la herencia de sus invasores, posteriormente reconvertidos en pobladores. En el caso de España, íberos, celtas, romanos o árabes, entre otros, han dejado sus huellas culturales, artísticas, religiosas y sociológicas sobre cuantos territorios se extienden desde Galicia a Andalucía, desde Cataluña al País Vasco y desde Castilla a los archipiélagos. Sin embargo, esa obsesión patológica de algunos políticos por manipular los sucesos históricos en su propio beneficio les ha servido para poner el acento en lo que a los españoles nos separa en vez de en lo que nos une que, mal que les pese, es mucho y bueno. Es obvio que un sentimiento tan íntimo como el de pertenencia nace del corazón y no debe ser impuesto a fuerza de himnos ni de banderas. Pero no es menos cierto que difícilmente puede brotar si éstos se asocian de modo indisoluble a oscuros episodios que, por recientes, aún permanecen en la memoria colectiva.
Por eso, determinados gobernantes incurren en una imperdonable irresponsabilidad cuando, en vez de rescatar y defender sin fisuras nuestros símbolos comunes más allá del ámbito deportivo, optan por anteponer los elementos diferenciadores con el único afán de seguir detentando el poder. Y así, en vez de imitar a nuestros vecinos europeos -orgullosos de sí mismos y libres para demostrarlo-, se apresurarán a esconder las banderolas en cuanto las huestes de Del Bosque retornen al hogar. Por si acaso.
http://www.laprovincia.es/opinion/2012/07/02/amar-espana-le-tachen-facha/467091.html
viernes, 29 de junio de 2012
EL SÉPTIMO ARTE COMO HERRAMIENTA PEDAGÓGICA
Colaboración para el Magazine del Colegio Hispano Inglés de Santa Cruz de Tenerife
Acaba de iniciarse el segundo cuatrimestre en la Universidad de La Laguna y me consta que el Departamento de Derecho Constitucional de la Facultad ha organizado, como actividad complementaria, la proyección de una serie de largometrajes relacionados con dicha asignatura, cuyas materias se imparten en los dos primeros años de la carrera. Los alumnos ya han tenido la oportunidad de visionar la película que abre el ciclo, “Leones por corderos” (2007), dirigida e interpretada por Robert Redford, a quien acompañan en el reparto los actores Meryl Streep y Tom Cruise. Sé también de primera mano que el debate que se suscitó a la finalización de la cinta resultó particularmente enriquecedor para todos los asistentes y reveló que los jóvenes del campus lagunero están llenos de inquietudes y dispuestos a aportar sus puntos de vista para solucionar los graves problemas sociopolíticos que nos afectan actualmente. Me parece una extraordinaria noticia que las nuevas generaciones no se resignen a vivir en un mundo marcado por las desigualdades y contaminado por la idea de un futuro de perspectivas más que sombrías. El hecho de que renieguen de este ambiente de pesimismo en el que hoy por hoy nos desenvolvemos me llena de esperanza.
Confieso que, desde que tengo memoria, siento una enorme pasión por el séptimo arte. Mis recuerdos y experiencias vitales se mezclan indisolublemente con esta desmesurada afición al cine. Al hilo de lo que quiero transmitir, hace algún tiempo cayó en mis manos una peculiar novela titulada “CINECLUB” cuyo autor, David Gilmour, es un prestigioso crítico cinematográfico canadiense. En ella, el escritor confesaba sin reparos cómo recurrió a determinadas películas en busca de ayuda, anhelando reconducir la trayectoria de un hijo adolescente que llevaba meses manifestando unos comportamientos tan negativos que le perjudicaban seriamente. El joven se negaba a estudiar, tampoco quería trabajar y consumía los días y las semanas dedicado a actividades poco recomendables, de modo que su padre llegó a un pacto con él. Podía dejar de ir al instituto, eludir cualquier empleo y dormir a deshoras pero, a cambio, tenía que mantenerse alejado de las drogas y ver tres películas a la semana en compañía de su progenitor. El muchacho cayó en la trampa aceptando de inmediato y, contra todo pronóstico, inició tras aquella decisión el camino hacia su salvación personal. Gracias a títulos tan dispares como “El ladrón de bicicletas”, “Desayuno con diamantes”, “El padrino” o “¡Qué bello es vivir!” aquel hombre angustiado consiguió recuperar una relación paterno filial que estaba perdida e impartió a su hijo una trascendental lección de vida asistido por una cuidada selección de obras maestras de la gran pantalla.
No se trata de sustituir el sistema educativo tradicional ni de utilizar esta alternativa exclusivamente en los denominados “casos perdidos” pero, como cinéfila empedernida, defiendo las bondades de los fotogramas como instrumento pedagógico complementario, particularmente para quienes cursan sus estudios en Primaria y Secundaria. Aunque han transcurrido varias décadas, guardo el grato recuerdo de que en mi colegio se organizaba con gran éxito una actividad extraescolar la tarde de los viernes que consistía en proyectar un largometraje y celebrar un posterior cinefórum. Con más razón ahora, que vivimos una época marcada por las nuevas tecnologías, se podrían reproducir iniciativas similares en beneficio de los niños y los adolescentes, habida cuenta que utilizan a diario todo tipo de pantallas, desde la televisión al ordenador pasando por las consolas o los móviles. Así, en vez lamentarnos en vano por la mala influencia que ejercen determinadas cadenas de televisión sobre nuestros menores, podríamos contrarrestarla con una adecuada utilización de otras imágenes en aras de su mejor formación como seres humanos, tanto en los propios centros educativos como en nuestros domicilios. Por suerte, existen cientos de filmes con los que conseguir esta meta.
domingo, 24 de junio de 2012
LA MUERTE, ETERNA ASIGNATURA PENDIENTE DEL GÉNERO HUMANO
La pasada semana tuve el inmenso placer de asistir a la conferencia que Nieves Concostrina ofreció en el marco del Real Casino de Santa Cruz de Tenerife. Desde hace años soy una ferviente admiradora de esta periodista y escritora madrileña forjada en el desaparecido “Diario 16” y que posteriormente ha desarrollado su labor profesional tanto en la televisión como en las ondas. Su participación en los programas de Radio Nacional “En días como hoy”, “No es un día cualquiera” y “Polvo eres” se cuentan entre mis preferencias radiofónicas.
Mujer encantadora, vitalista, espontánea y accesible, nos deleitó a todos los asistentes con una charla titulada “Epitafios: entre el lamento y el sarcasmo”, provocando las continuas carcajadas de un auditorio que superó con creces el aforo de la sala. La autora manifestó una idea que comparto plenamente, al asegurar que la muerte sigue siendo considerada un tema tabú para la generalidad de las personas, más aún si se aborda desde la perspectiva del humor. Con sus palabras como trasfondo, fue mostrándonos una serie de epitafios escogidos, algunos tiernos, otros dolorosos, lo más, humorísticos, que nos ayudaron a todos los presentes a observar el tránsito a la otra vida con una actitud renovada.
Agradezco a Nieves Concostrina la labor impagable que está realizando en pos de modificar la visión negativa que las defunciones tienen en nuestra cultura occidental y su afán por hacer entender a oyentes y lectores que la vida es un lujo y una oportunidad única e irrepetible que no debemos desaprovechar.
Por su relación con el tema tratado adjunto mi artículo titulado “Clases particulares para afrontar la muerte” que publicó La Opinión de Tenerife el día 1 de febrero de 2011:
Mujer encantadora, vitalista, espontánea y accesible, nos deleitó a todos los asistentes con una charla titulada “Epitafios: entre el lamento y el sarcasmo”, provocando las continuas carcajadas de un auditorio que superó con creces el aforo de la sala. La autora manifestó una idea que comparto plenamente, al asegurar que la muerte sigue siendo considerada un tema tabú para la generalidad de las personas, más aún si se aborda desde la perspectiva del humor. Con sus palabras como trasfondo, fue mostrándonos una serie de epitafios escogidos, algunos tiernos, otros dolorosos, lo más, humorísticos, que nos ayudaron a todos los presentes a observar el tránsito a la otra vida con una actitud renovada.
Agradezco a Nieves Concostrina la labor impagable que está realizando en pos de modificar la visión negativa que las defunciones tienen en nuestra cultura occidental y su afán por hacer entender a oyentes y lectores que la vida es un lujo y una oportunidad única e irrepetible que no debemos desaprovechar.
Por su relación con el tema tratado adjunto mi artículo titulado “Clases particulares para afrontar la muerte” que publicó La Opinión de Tenerife el día 1 de febrero de 2011:
Hace más de una década sufrí en mis propias carnes una experiencia personal que habría de marcar mi futuro. Varias estancias hospitalarias precedieron a la muerte de mi madre y aquel período que ambas compartimos me sirvió para comprender que hay otros mundos en los que la enfermedad, la soledad y el dolor son compañeros inseparables. Mundos frecuentados por cuerpos enfermos que se sienten solos y desamparados. Mundos habitados por profesionales de la medicina y la enfermería, por voluntarios, por religiosos y por empleados de las áreas más diversas que, en la mayoría de los casos, son un modelo de entrega y solidaridad. Mundos en los que familiares y amigos están sometidos al yugo inexorable de los horarios de visita. Mundos temporal o definitivamente alejados de la felicidad, de la tranquilidad, de la cotidianeidad.
Desde entonces, siempre me he preguntado por qué no nos educan para la muerte desde que somos niños. Si la única certeza con la que nace el ser humano es la de saber que más pronto o más tarde morirá, no me parece tan descabellado que existiera un protocolo educativo que nos sirviera para afrontar de un modo positivo tan inevitable realidad. La larga etapa de aprendizaje que, durante nuestra infancia, tiene lugar en las aulas sería la más idónea para que nos informaran y nos formaran, junto al resto de materias tradicionales, sobre la comprensión y posterior aceptación de nuestra caducidad innata. Sin duda, nos ahorraríamos mucho sufrimiento y sería la mejor orientación para valorar nuestra vida en su justa medida y, en consecuencia, aprovecharla intensamente.
No hay duda de que la muerte es una constante fuente de preocupación para el ser humano. En mi opinión, pocas son las personas que no tuercen el gesto cuando se aborda este tema y, en función de la postura que adoptan al respecto, las divido básicamente en dos grupos. El primero lo integrarían quienes dicen no temer el momento de su despedida terrenal y el segundo los que se horrorizan ante la perspectiva del final de su existencia. Confieso que yo aún no tengo claro de cuál formar parte. Dependo de mis estados de ánimo. Pero, en todo caso, unos y otros compartimos la misma sensación de vacío interior ante el fallecimiento de un ser querido.
La pérdida de un amigo íntimo fue el detonante que impulsó al magnífico guionista Peter Morgan a escribir la conmovedora historia de Más allá de la vida, última película dirigida por el maestro Clint Eastwood que, a través de estas líneas, me atrevo a recomendar abiertamente. Transmite el escritor con sorprendente sinceridad la terrible soledad que padeció cuando, de la noche a la mañana, perdió a un compañero muy cercano y se vio sin ninguna muleta en la que apoyarse para superar una situación tan dura como inesperada. Explica en sus entrevistas de promoción del largometraje cómo, días después del óbito, podía percibir con claridad una presencia que le acompañaba y que él asociaba al ser querido que acababa de desaparecer. Sin prejuicios y desde el convencimiento de que las almas emprenden el camino hacia una dimensión desconocida pero continúan influyendo en quienes compartieron su andadura mortal, Morgan entrelaza tres emocionantes relatos de seres que han sufrido experiencias cercanas a la muerte. Con seriedad, huyendo del sentimentalismo y construyendo un mensaje de esperanza, la cinta conecta con ese universo de miedos y dudas en el que todos nos vemos inmersos alguna vez.
Exigimos respuestas. Necesitamos consuelo. Muchos recurrimos a la fe. Otros, los más fieles defensores de la máxima “ojos que no ven, corazón que no siente”, abogan por la negación total. Nada de hospitales, nada de tanatorios, nada de cementerios, intentando en vano protegerse del dolor con esa actitud. Algunos, los menos, acuden a gabinetes de videncia movidos por la imperiosa necesidad de contactar con sus muertos, de darles un último beso, de zanjar conversaciones interrumpidas bruscamente cuando baja el telón. Así que la suma de todas estas circunstancias me lleva a considerar que nuestra fragilidad ante el tránsito desconocido por excelencia, seamos mujeres u hombres, jóvenes o viejos, creyentes o ateos, nos convierte en alumnos más que cualificados para recibir clases de la más trascendental asignatura pendiente: aprender a afrontar la muerte.
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