viernes, 20 de octubre de 2017

LA ENFERMEDAD QUE UNOS PADECEN Y OTROS FINGEN



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 20 de octubre de 2017




Recientemente el Juzgado de lo Social número 1 de la localidad guipuzcoana de Eibar ha reconocido como accidente de trabajo una crisis de ansiedad sufrida por una trabajadora del Servicio Vasco de Salud. La sentencia, que considera como hecho probado la comunicación reiterada por parte de la empleada a sus superiores acerca del exceso de su carga de trabajo, contempla como fuera de lugar las alegaciones tanto de la Mutua como de la propia empresa, pretendiendo la primera que no se calificara como accidente de trabajo por haber acudido la enferma a un médico de Atención Primaria (pese a establecer nuestra legislación en Seguridad Social que lo es toda lesión sufrida en el tiempo y el lugar de trabajo) e intentando la segunda convencer de que la citada sobrecarga era asumible. 

No resulta descabellado afirmar que, hasta hace bien poco, determinados males no existían, entre comillas. El estrés, la depresión y el acoso laboral a buen seguro tenían lugar, pero no se incluían en el catálogo de males ni de causas para solicitar una baja. Por suerte, esta situación ha cambiado, no solo gracias al mayor reconocimiento de derechos de los trabajadores, sino también por la aceptación social de patologías muy graves que conllevan una relevante componente psicológica. Sin embargo, no hay que perder de vista otro fenómeno paralelo protagonizado por individuos sin escrúpulos que se aprovechan de modo fraudulento de estas situaciones sobrevenidas. 

Determinar la gravedad de un estado anímico se me antoja una tarea nada fácil. Más aún determinar cómo afecta a las facultades necesarias para ejercer un empleo. Dicho de otro modo, dictaminar acertadamente una baja por depresión no debe ser siempre sencillo. Ni mucho menos. A ello hay que añadir que la actual normativa prevé la posibilidad de alargar la contingencia hasta un máximo de dieciocho meses, en los que el empresario continúa pagando al enfermo mientras, simultáneamente, se ve obligado a contratar a un suplente. Aun así, parece comprensible que los facultativos, ante la duda, extiendan el parte y no se arriesguen a incurrir en un error que pueda acarrearles graves responsabilidades. 

Para colmo, el tratamiento recomendado no suele ser el habitual de guardar reposo y permanecer en el domicilio, sino que se aconseja desarrollar actividades que conlleven diversión y huida de la rutina, unas indicaciones que favorecen que los caraduras hagan de su capa un sayo y, encima, por prescripción facultativa. Lo más lamentable es que la existencia de estos cuentistas desahogados supone que acaban pagando justos por pegadores. Los abogados laboralistas están al cabo de la calle en lo tocante a ejemplos concretos de tipos que solicitan una baja con la finalidad de negociar su despido, para dedicarse después a otra ocupación que, incluso, han estado llevando a cabo durante ese período de inactividad. Los hay que hasta amenazan a los jefes con instar una baja por depresión si estos no atienden a sus requerimientos. En coyunturas como la referida, la única vía por parte de las empresas para detectar el fraude es controlar los procesos a través de las Mutuas, una medida que es viable transcurridos los quince primeros días de la baja. 

En este punto, me gustaría hacer una reflexión. No parece lógico que un trabajador serio y formal decida pagar a un buen empresario con la moneda del fraude más deshonesto, pero la cruda realidad es que, ni todos los empleadores son considerados y respetuosos, ni todos los empleados son cumplidores y responsables. Y tan defendibles son los derechos de un trabajador que no recibe un trato digno en su puesto de trabajo, como los de un empresario que se topa con un sinvergüenza. En definitiva, nos enfrentamos a un fraude en toda regla que, en consecuencia, merece ser perseguido y castigado. Se impone, pues, la responsabilidad en unos tiempos en los que tener trabajo equivale a ser propietario de un tesoro.


lunes, 16 de octubre de 2017

II DÍA DE LAS ESCRITORAS: MUJERES, SABER Y PODER









La Biblioteca Nacional de España (BNE), junto con la Federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias (FEDEPE) y la Asociación Clásicas y Modernas (CyM), celebra por segundo año consecutivo el Día de las Escritoras bajo el lema “Mujeres, saber y poder”.

El Día de las Escritoras, iniciativa concebida para recordar el legado cultural de las escritoras del ámbito hispánico e hispanoamericano, y las dificultades que en el pasado impidieron un justo desarrollo y reconocimiento a su labor, nació en 2016 con vocación de continuidad y se celebra el primer lunes siguiente a la festividad de Santa Teresa de Jesús, que se conmemora el 15 de octubre.

“Mujeres, saber y poder”, inspirado en el concepto del empoderamiento femenino, es el tema propuesto para 2017. En torno a él se realizará una lectura de 21 fragmentos de textos, escritos por autoras españolas e hispanoamericanas, a cargo de personas de reconocido prestigio social y cultural. 

Los textos seleccionados para este año responden a esta idea-fuerza, y fueron escritos por autoras españolas e hispanoamericanas, en ambos casos ya fallecidas, como Santa Teresa de Jesús, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Carolina Coronado, Mercedes Cabello de Carbonera, Emilia Pardo Bazán, Victor Català (Caterina Albert), Juana de Ibarbourou, Elena Fortún, Teresa de la Parra, María Etxabe, Julia de Burgos, Alfonsina Storni, Dolores Medio, Rosario Castellanos, Mercè Rodoreda, Elena Soriano, Elena Garro, Begoña Caamaño, Carmen Martín Gaite, Gloria Fuertes e Isabel de Villena.

Relatos de mujeres que escribieron sobre la fortaleza interior que es precisa para enfrentarse al mundo o que reivindicaron su creatividad y la necesidad de trazar su propio destino. Literatura, en definitiva, escrita por mujeres fuertes o que desearon serlo para poder transmitirnos su saber sobre el mundo y la vida.

Las tres entidades promotoras han invitado a la Asociación de Bibliotecas Nacionales Iberoamericanas (ABINIA) y al Consejo de Cooperación Bibliotecaria de España a que promuevan este acto de homenaje y reconocimiento entre las Bibliotecas Públicas del Estado, así como en otras bibliotecas y otras entidades e instituciones culturales en España, Hispanoamérica y Estados Unidos. En esta segunda edición cuenta con el apoyo de la Subdirección General del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, del MECD.

Todas las instituciones interesadas pueden solicitar los textos que se leerán en la Biblioteca Nacional de España o programar otras lecturas o actividades siguiendo sus propios criterios, pero siempre con el objetivo común de reivindicar y reconocer la literatura escrita por mujeres.

Además, la celebración del Día de las Escritoras podrá seguirse en las redes sociales a través del hashtag #DIADELASESCRITORAS y se retransmitirá por streaming.


Fuente del texto: BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

viernes, 13 de octubre de 2017

AMAR A ESPAÑA




Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 13 de octubre de 2017

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 22 de octubre de 2017





Siempre he sido una enamorada de las palabras. Hasta la locura. El paradigma por excelencia de la estudiante de Letras puras y duras. De las de Latín y Griego. Por eso, la constante prostitución semántica de los conceptos, amparada en su supuesta interpretación, me llena de tristeza e indignación a partes iguales. Lo cierto es que la actual coyuntura política de mi país, que tanto me duele, me obliga a volver a formularme la peliaguda cuestión de si se puede amar a España sin que a una le tachen de facha. Convendría, pues, clarificar qué se entiende hoy en día por “España” y qué por “facha”, más que nada porque la lengua castellana viene siendo objeto de frecuentes e inmisericordes ataques y una ya no sabe a qué carta quedarse en lo tocante al significado real de los vocablos. 

En cualquier caso, lo que todavía queda de España (gélidamente denominada “Estado español” en las últimas décadas), pese a sus numerosas virtudes, padece algunos defectos que le perjudican sobremanera. Los españoles, por desgracia, somos muy dados a enfrentarnos en dos bandos, reminiscencia de una guerra civil fratricida de la que no hemos aprendido casi nada. Por esa razón, nos encanta clasificarnos en fachas o rojos, españolistas o nacionalistas, madridistas o culés, creyentes o ateos, machos o afeminados, racistas o integracionistas…, y encajamos con dificultad la saludable opción de mezclar dichos aspectos. Al parecer, la gama de grises nos parece altamente sospechosa. 

Aquí, los comunistas no pueden creer en Dios, ni los conservadores renegar del Altísimo. Tampoco se considera normal ser de derechas y estar a favor del matrimonio homosexual, o socialista y manifestarse en contra del aborto. Y, por supuesto, ser un auténtico independentista implica preferir que ganen todos y cada uno de los equipos que se enfrenten a La Roja. Si a ello se añade que, desde el principio de los tiempos, la especie humana se ha enzarzado en una sucesión de luchas y contiendas que han dado lugar a los distintos Estados que conforman el planeta, cualquier ciudadano con un mínimo de criterio debería saber que los pueblos son lo que son en virtud de la herencia de sus invasores, posteriormente reconvertidos en pobladores. 

En nuestro caso particular, íberos, celtas, romanos y árabes -entre otros- han dejado sus huellas culturales, artísticas, religiosas y sociológicas sobre cuantos territorios se extienden desde Galicia a Andalucía, desde Cataluña al País Vasco o desde Castilla a Canarias. Sin embargo, la obsesión patológica de algunos políticos por manipular los sucesos históricos en su propio beneficio (eso, cuando no les da por hablar claramente de pasta) les ha servido para poner el acento en lo que a los españoles nos separa en vez de en lo que nos une, que, mal que les pese, es mucho y bueno. Así nos luce el pelo, ignorantes de nuestra Historia verdadera, que apenas tiene que ver con la que, fruto de los complejos que arrastramos desde la Transición, están aprendiendo nuestros jóvenes en los centros escolares de las diecisiete taifas autonómicas, provocando situaciones tan dantescas como la que estamos padeciendo durante la presente semana. 

Es obvio que unos sentimientos tan íntimos como los del amor y la pertenencia a una patria nacen del corazón y no deben ser impuestos. Pero difícilmente pueden brotar si una bandera y un himno continúan asociándose insistentemente a oscuros episodios del pasado. En ese sentido, existen gobernantes de poca monta que incurren en una imperdonable irresponsabilidad cuando, en vez de rescatar y defender sin fisuras nuestro acervo común, optan por fracturarnos socialmente y anteponer exiguos elementos diferenciadores con el único afán de seguir detentando el poder. Más les valdría respetar la legalidad vigente y honrar a este Estado de Derecho que tanto nos ha costado construir. Y, ya de paso, tomar nota de la actitud de nuestros vecinos europeos, orgullosos de sus naciones y libres para demostrarlo sin ser insultados por ello.



miércoles, 11 de octubre de 2017

DÍA INTERNACIONAL DE LA NIÑA







El 19 de diciembre de 2011 la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió designar el 11 de octubre como Día Internacional de la Niña. La creación de un día para las niñas en el calendario universal fue promovida desde 2009 por la ONG Plan Internacional, una organización no gubernamental que funciona en varios países del mundo. Lo hizo a través de su campaña internacional "Por ser niña", enfocada a acabar con la doble discriminación que sufren millones de niñas en todo el mundo por su género y por su edad. Con ello se pretende fomentar cada año el reconocimiento de los derechos de las niñas y dar a conocer a la opinión pública los problemas excepcionales que afrontan en todo el mundo. La propia resolución destaca la necesidad de invertir y sensibilizar a la sociedad sobre el necesario empoderamiento de las niñas con el objetivo de romper el ciclo de discriminación y violencia de las que son víctimas, y promover y proteger sus derechos humanos. 

Alrededor de mil cien millones de niñas forman parte de una gran y vibrante generación mundial preparada para asumir el futuro. Como observa ONU-Mujeres -la agencia de la ONU encargada de promover la igualdad de género- las niñas van al colegio, ayudan en casa, trabajan en fábricas, hacen amigas y amigos, cuidan de sus familiares mayores y menores, y se preparan para asumir las responsabilidades de la vida adulta. Desempeñan diversos papeles en el hogar, la sociedad y la economía. Por tanto, su progreso no sólo es bueno para ellas. También lo es para sus familias, sus comunidades, las naciones y el planeta. Las niñas siempre han cambiado el mundo y esta generación puede hacerlo aún mejor. 

El tema de 2017 quiere resaltar que las niñas en situaciones de crisis siguen siendo una fuente de poder, energía y creatividad pero, al mismo tiempo, se encuentran entre los grupos de población más vulnerables y frágiles. Cuestiones como la educación (31 millones que están en edad de cursar estudios de Primaria se encuentran sin escolarizar en el mundo), la mutilación genital (más de 30 millones corren el riesgo de sufrirla en los próximos diez años), el matrimonio infantil (cada siete segundos una menor de 15 años es obligada a casarse en algún lugar del mundo), la violencia basada en el género (las adolescentes son más propensas a experimentar ciertas formas de violencia que los varones, incluida la violencia sexual), la exclusión económica (cuando los recursos del hogar son limitados, las normas sociales en muchos lugares dictan que los niños deben ser priorizados, dejando a las niñas con escasas oportunidades para la educación y en situación de riesgo de mala salud y nutrición), la trata y la esclavitud (chicas en busca de una vida mejor pueden ser engañadas o empujadas a trabajos forzados o explotación sexual). 

Unamos, pues, nuestros esfuerzos para que esta realidad tan sangrante cambie lo antes posible. No abandonemos a estas niñas, que son el futuro. Seamos su voz. Luchemos por ellas.

viernes, 6 de octubre de 2017

EL ÚLTIMO GRITO DE CASARSE CON UNO MISMO



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 6 de octubre de 2017

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 8 de octubre de 2017




Igual que existen mentes que albergan diferentes modos de pensar, existen corazones que defienden diversas formas de amar. Algunos individuos dedican su vida entera a querer a una sola persona. Otros, por el contrario, comparten su existencia con varias parejas. Pues bien, ahora entra en escena una nueva tendencia que, con el nombre de sologamia, consiste básicamente en ejercer el amor propio hasta el extremo de contraer matrimonio con uno mismo. Algo así como el “yo, mi, me, conmigo”, pero elevado a la máxima potencia del compromiso. Y con bodorrio incluido. 

Pensarán en buena lógica que se trata de una broma. Sin embargo, se equivocan. Diré en su descargo que se trata de un fenómeno reciente que está ahí para todo el que quiera comprobarlo. Además, visto lo visto de un tiempo a esta parte, mucho me temo que ha llegado para quedarse. Mientras una terrible epidemia de soledad se extiende como mancha de tinta por nuestro desnortado planeta, surgen del seno de las sociedades desarrolladas (es un decir) hombres y mujeres que, hartos de sufrir en sus propias carnes la mala fama que arrastra la soltería, deciden casarse con su mismidad. 

Se trata, sencilla y llanamente, de dedicar su afecto, sus horas, su dinero y sus energías a ellos mismos. Nada de novios, ni de relaciones serias ni de encuentros casuales que, a menudo, conllevan decepciones y fracasos. Aquí se apuesta sobre seguro, con el éxito garantizado y al margen de príncipes azules y de medias naranjas. El cuento de hadas persiste, pero en otro formato. Ya se han registrado casos de esta reciente moda en países como Canadá, Estados Unidos, Reino Unido e Italia. En el primero, una agencia llamada “Marry Yourself Vancouver”, que opera desde hace más de un año, atribuye el auge de los enlaces de este tipo a un notable incremento en el número de personas solteras. "Ser soltero es la nueva normalidad. ¡Celebra tu estatus!", se publicita la empresa en cuestión para captar a sus potenciales clientes. En cuanto a los norteamericanos, la web "I Married Me" ("Me casé conmigo") vende kits que incluyen la alianza y una colección de tarjetas con mensajes de refuerzo positivo. 

Manifiestan los defensores de esta alternativa que, aunque las ceremonias no acarrean efectos legales (lo cual no deja de ser un alivio), suponen todo un símbolo de afirmación social, normalmente reservada a las parejas. Auto darse el “sí quiero” es una vía para gritarle al mundo que tú no necesitas de nadie más para ser feliz. Por consiguiente, qué menos que organizar un festejo por todo lo alto en el que no pueden faltar el vestido blanco, el anillo, las damas de honor y la tarta nupcial. En cambio, los detractores del invento señalan que la originalidad de la propuesta brilla por su ausencia, habida cuenta que reproduce idénticos ritos tradicionales de la institución matrimonial. Además, tachan la opción de narcisista y estrambótica. 

De hecho, a las novias más recientes -Laura (italiana) y Sophie (británica)- se les debieron atragantar los langostinos con los comentarios de algunos de sus invitados, desde el “estás loca” al “eres una triste feminista”. Digo yo que, si su intención era dedicarse a ofender a las contrayentes a base de faltas de respeto y críticas hirientes, bien podrían haberse quedado en sus casas y declinar la invitación de las tan, a su juicio, descerebradas amigas y parientes. La latina, inasequible al desaliento, confesó sentirse indiferente ante las diatribas ácidas de sus allegados y que nada ni nadie borraría su sonrisa. Aun así, reconoció que este tipo de bodas no están diseñadas para todo el mundo, dado que requieren un presupuesto considerable y, principalmente, un toque de locura. En este último requisito coincido con ella, desde luego, aunque tal vez yo no lo calificaría de toque sino, más bien, de pedrada. Vivir para ver.