viernes, 23 de septiembre de 2016

EL SEXO DE PAGO TRIUNFA ENTRE LOS JÓVENES



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 23 de septiembre de 2016

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 26 de septiembre de 2016






Según uno de los enésimos informes que emite con asiduidad la Organización de las Naciones Unidas, España ostenta el dudoso honor de ser el tercer país del mundo donde más se demanda el sexo de pago. Curiosamente, esta repugnante medalla de bronce se convierte en la de oro cuando tan ancestral práctica se circunscribe al Viejo Continente. En la avanzada Europa no existe, pues, ningún Estado que nos haga sombra, por más que el fenómeno de la prostitución muestre del modo más descarnado el siniestro lugar que ocupa la mujer para muchos miembros de nuestra "sociedad del bienestar". 

Pero, por si no fuera suficientemente desolador comprobar el manifiesto retroceso cualitativo en las relaciones de pareja de los jóvenes españoles, ahora resulta que cada vez son más los chavales que tiran de su paga semanal para mantener relaciones sexuales en establecimientos del sector. La operativa consiste en acercarse en pandilla a tomar unas copas a un puticlub y acabar compartiendo cubículo con una profesional a la que se van intercambiando por turnos. No obstante, si el dinero no les alcanza, recurren como sistema de adjudicación al tradicional sorteo del disfrute de la pieza, que recaerá en un único agraciado, confiando el resto de los concursantes en tener más suerte la siguiente vez. 

El escandaloso descenso en la edad de estos clientes viene siendo alertado, entre otros, por representantes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que afirman que, al consumo habitual de alcohol, marihuana y otras sustancias, se ha incorporado con fuerza esta tendencia a visitar en grupo locales de alterne, como opción normalizada de un ocio que no les acarrea ningún dilema ético y con el que pretenden obtener una satisfacción inmediata. A esta preocupante realidad se añade la no menos alarmante de la adicción al sexo. De hecho, el índice de afectados por esta patología alcanza casi un 40% en el tramo que ronda los 24 años, y la mayoría de ellos se inició en la pornografía y en universos similares con apenas 17. 

Visto lo visto, la pregunta no puede ser otra: ¿qué impulsa hoy a un cuasiadolescente, nacido y criado entre dispositivos donde proliferan las aplicaciones para contactar con otras personas dispuestas a entablar una simple amistad o, por supuesto, a mantener una relación íntima, a servirse de una prostituta que, por regla general, es víctima de trata de seres humanos y de violencia de género? La respuesta de estos compradores advenedizos de carne a tiempo parcial es que así ahorran tiempo y dinero. Con apenas 20 euros de inversión se evitan toda la parafernalia asociada al cortejo estándar de una chica (paseo, cine, cena) que, además de requerir cierta habilidad emocional de la que muchos carecen, tampoco les garantiza ni mucho menos el fin último que persiguen: echar un polvo. 

Además, el hecho de pasar por caja les comporta otra serie de ventajas nada desdeñables, como la de disponer de una mujer a su servicio que también se dedique a regalarles los oídos, llevar las riendas del encuentro (el que paga, manda), ir directamente al grano o alardear de su poderío ante el resto de la manada. Eso sí, puestos a elegir, prefieren no saber si las meretrices en cuestión son esclavas de alguna mafia, o si su existencia diaria se asemeja al infierno, o si su chulo las desloma en el hipotético caso de que decidan quejarse, o si tienen hijos en edad escolar que se quedan solos mientras su mamá está "en el trabajo". 

Después de todo, tampoco ellos están cometiendo ningún delito y comerciar con cuerpos ajenos se ha hecho, se hace y se seguirá haciendo por los siglos de los siglos. No en vano, el oficio más antiguo del mundo es un modo más de ganarse la vida, ejercido en igualdad de condiciones y desde la más absoluta libertad y voluntariedad. ¿O no?




martes, 20 de septiembre de 2016

SONATA DE OTOÑO






Aprovechemos el otoño
 antes de que el invierno nos escombre.
 Entremos a codazos en la franja del sol
 y admiremos a los pájaros que emigran.
Ahora que calienta el corazón,
aunque sea de a ratos y de a poco,
pensemos y sintamos todavía
con el viejo cariño que nos queda.
Aprovechemos el otoño
antes de que el futuro se congele
y no haya sitio para la belleza
porque el futuro se nos vuelva escarcha.


“Insomnio y duermevelas” 

Mario Benedetti



viernes, 16 de septiembre de 2016

"SELFIES": ENTRE EL NARCISISMO Y LA BAJA AUTOESTIMA



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 16 de septiembre de 2016

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 17 de septiembre de 2016







Quien haya tenido la suerte de disfrutar este verano de algunos días de vacaciones habrá comprobado que los archifamosos palos adosados a los móviles se han convertido en imprescindibles compañeros de viaje para buena parte de la población, que con tan socorrido invento inmortaliza momentos de su vida cotidiana sin tener que pedir a un tercero el favor de que les enfoque y apriete el consabido botón. Este acto de autofotografiarse con cualquier excusa (comer una pizza, comprar una prenda de ropa, tomar un mojito, visitar un monumento, darse un chapuzón…) es, de un tiempo a esta parte, la más recurrente actividad de moda para millones de ciudadanos planetarios. 

Debe ser por eso que el anglicismo “selfie” no alude solamente a los autorretratos en sí, sino también a los individuos obsesionados con compartirlos en la red. Y es que todo parece indicar que quienes publican su imagen de un modo desmedido (incluso, compulsivo) suelen establecer relaciones más bien superficiales y abonarse a un concepto de la intimidad, como mínimo, discutible. Precisamente es esta última particularidad la que nos aleja a los primates analógicos -como una servidora-, acostumbrados desde la cuna a un trato cara a cara, de esta práctica tan en boga. Sin embargo, no faltan expertos que indican que, para los nativos digitales nacidos a partir de 1980, amistad e intimidad no implican necesariamente presencia física. Ahí lo dejo. 

Aunque yo no sea partidaria de inmortalizarme a menudo, estoy dispuesta a admitir que tomarse fotos a uno mismo resulte hasta divertido, siempre y cuando no se haga de diez en diez minutos y en todas las poses y escenarios posibles para después, a la velocidad del rayo, colgarlas en el limbo tecnológico. No en vano, Facebook y Twitter son dos de las redes sociales que más han promovido esta tendencia, cuya motivación va desde el entretenimiento más inocente a la exhibición de logros para provocar la envidia del prójimo o al loable deseo de racionar sus momentos felices con el resto de la Humanidad. Sea como fuere, opino que detrás de estas exposiciones excesivas se esconden algunas personalidades compatibles con perfiles narcisistas o con modelos de baja autoestima. 

En el primer grupo suelen encajar hombres y mujeres con un elevado concepto de su persona, pagados de sí mismos y escasamente tolerantes a las críticas negativas, por nimias que estas sean. Su máxima preocupación gira en torno al número de “me gusta” o de retweets que obtendrán sus instantáneas. Si, además, anotan en su haber varios comentarios favorables de sus supuestos admiradores, su nivel de popularidad crecerá como la espuma y ya estarán en condiciones de lucir una identidad alternativa, retroalimentada y validada por jurados ajenos que poco o nada conocen de su auténtico yo. 

Por lo que se refiere a los pertenecientes al segundo bloque, la sobredosis de imágenes puede indicar un grado de autoestima bastante bajo, a la par que una elevada necesidad de autoafirmación. Son individuos que se hallan en un búsqueda perpetua de la aceptación de los demás. Más aún, de su aprobación, sin ser conscientes del riesgo de que su afición llegue a convertirse en adicción. De hecho, especialistas en Psicología identifican algunas señales de alarma como antesala de una serie de patologías severas, entre ellas el trastorno obsesivo-compulsivo y la depresión.  

Como sucede en casi todos los órdenes de la vida, en el medio suele estar la virtud y este concreto ámbito no es ninguna excepción. Tratar de potenciar nuestro lado más atractivo (exterior, pero también interior) es comprensible y hasta recomendable. Recibir el reconocimiento ajeno puede incluso suponer una inyección de energía positiva en un momento dado y servir para superar un bache existencial. Palabras amables nunca sobran, sobre todo si son sinceras. Pero, de ahí, a vivir en permanente estado de revista de cara a la galería, se extiende un amplio trecho de superficialidad.

martes, 13 de septiembre de 2016

FORMAR PERSONAS SENSIBLES Y CON CRITERIO





Otorgo al tema educativo la máxima importancia dentro de mi escala de valores. Por ello, procuro leer libros, ensayos y artículos sobre la materia siempre que tengo oportunidad. De entre los autores que se especializan en esta cuestión, el profesor José Antonio Marina es uno de los expertos a tener en cuenta. En su interesante obra LA EDUCACIÓN DEL TALENTO afirma que “para educar a un niño, hace falta la tribu entera”. Esta frase tan sencilla encierra una gran verdad y es que la sociedad en la que vivimos, integrada por individuos y colectivos de toda índole, debe involucrarse en la consecución del más importante de sus objetivos: la formación de personas con criterio, sensibles, sanas y felices. En definitiva, satisfechas de su vida y de sus logros. 

Sin embargo, entre todos sus miembros hemos fabricado una telaraña de excusas que se resumen en una sola: echarle las culpas al otro. Los padres al colegio, el colegio a los padres, los espectadores a la televisión, la televisión a los espectadores, los jóvenes a los viejos y los viejos a los jóvenes. Y, así, hasta el infinito. La pregunta del millón es ¿qué puedo hacer yo para solucionarlo? Indudablemente, la queja permanente no es una opción si, además, tenemos en cuenta que, cuando hablamos de Educación, no estamos hablando exclusivamente de instrucción sino de mucho más. Estamos hablando de aquello que nos define como especie, por otra parte la única que educa a sus crías. 

Por ello, lo realmente trascendental es saber qué modelos queremos transmitir y fomentar. Nuestros hijos van a habitar un mundo imprevisible, contradictorio y veloz, radicalmente diferente al que nos tocó vivir en nuestra infancia y adolescencia. Por lo tanto, la responsabilidad que recae principalmente sobre los progenitores es inmensa, en el sentido de que nuestro ejemplo y nuestra actitud son básicos para el desarrollo integral de los niños, para su preparación de cara al futuro. Sus habilidades, capacidades y competencias han de ser, no sólo intelectuales, sino también afectivas y conductuales. De hecho, ellos suelen ser más perspicaces que nosotros, que con frecuencia nos anclamos en el amor propio, los convencionalismos y las luchas de poder. 

En este sentido, para un filósofo como él, el talento es la inteligencia triunfante. Se trata de un hábito y, como todo hábito, difícil de adquirir. Lo mismo que se aprende el miedo, se aprende la valentía, el pesimismo, pero también el optimismo, la pasividad y la actividad, la sumisión y la libertad, la impasibilidad y la sensibilidad. Así, triunfa quien sabe detectar lo bueno que tiene y disfruta de ello, quien sabe soportar las dificultades que no puede evitar, quien se enfrenta con inteligencia a los problemas que tienen solución. Saber comunicar este mensaje significa colocar al individuo en la senda de la felicidad y dotar a su vida de contenido. 

Porque, en palabras del propio Marina, “¿qué es lo que queremos para nuestros hijos, para nuestros alumnos, para nuestros niños, para nuestros adolescentes? Que estén en forma cuando abandonen nuestra tutela educativa. En forma para la felicidad, en forma para la belleza, en forma para la bondad.”

viernes, 9 de septiembre de 2016

¿POR QUÉ SE RETIRA A UNOS PADRES LA GUARDA Y CUSTODIA DE SUS HIJOS?



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 9 de septiembre de 2016

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 11 de septiembre de 2016













Aunque no es habitual, en algunos procedimientos judiciales se puede solicitar la retirada de la guarda y custodia de sus hijos al padre o a la madre que ya la ostentan. Uno de los ejemplos recientes que ha generado cierta alarma social acaba de suceder asociándose a la mediática desaparición en Galicia de una joven madrileña, por más que su familia haya intentado sin éxito desvincular ambas coyunturas. No obstante, antes de explicar las razones para la adopción de una medida tan extraordinaria, es conveniente aclarar en qué consiste dicha figura y qué diferencias presenta respecto a la patria potestad. 

Mientras que la patria potestad hace referencia al derecho de los progenitores a tomar parte en las decisiones más importantes que afectan a la vida de sus vástagos, la guarda y custodia alude al hecho de hacerse cargo de ellos en cuanto a su acompañamiento diario. Así, cuando un menor vive de lunes a viernes bajo el cuidado de su padre o de su madre, se considera que está bajo su custodia. Pero, si en ese período es necesario someterle a una intervención quirúrgica, serán ambos, al ostentar la patria potestad conjuntamente, quienes decidan autorizar o no dicha operación. Por ello, en la mayor parte de las sentencias de separación, la patria potestad es compartida por los progenitores, mientras que la guarda y custodia se atribuye bien a uno de ellos (disponiendo el otro de un determinado régimen de visitas), bien a los dos (en la cada vez más instaurada custodia compartida). 

Sin embargo, en determinados casos cabe retirar judicialmente esa custodia al ejerciente por considerar que su compañía es nociva para el niño. Y si son los dos miembros de la pareja quienes dan muestras de incapacidad o falta de aptitud para la crianza y el cumplimiento de sus obligaciones parentales, pueden hasta verse desposeídos de la patria potestad, en tanto que la guarda y custodia será otorgada a otros familiares (preferentemente los abuelos) o a una institución pública. 

Uno de los motivos que se esgrimen para solicitar la retirada de la guarda y custodia es un modo de vida desordenado por parte del adulto que perjudique la estabilidad del hijo y que afecte a su adecuado desarrollo personal. Se añadirían a este la existencia de una nueva pareja sentimental que amenace la seguridad física y/o emocional del menor, el ingreso en un centro penitenciario, la necesidad de viajar con excesiva frecuencia, el traslado de domicilio a otra ciudad que modifique en gran medida las rutinas infantiles, el sometimiento a determinadas adicciones que alteren la vida diaria, la posesión de antecedentes de violencia en el seno familiar, el ejercicio negligente de los cuidados asociados a la alimentación, higiene y atención médica del niño, la ausencia de escolarización o la falta a clase de manera continuada y, como realidad muy relevante, la utilización del pequeño como arma arrojadiza contra el otro progenitor, que a menudo deriva en un trastorno afectivo conocido como “Síndrome de alienación parental”. 

Un procedimiento tan delicado ha de llevarse a cabo con las debidas garantías, por lo que participan en él diversos profesionales, no sólo del ámbito jurídico sino también de la psicología y los servicios sociales. Además, unas circunstancias de esa gravedad han de ser probadas con el máximo rigor. Por ello, suele recurrirse al testimonio de testigos que las avalen, ya que el criterio a seguir no es otro que el del beneficio del menor y la salvaguarda de su derecho a permanecer junto a sus padres cuanto sea posible. 

Finalmente, y tras examinar minuciosamente todos los datos recabados, el juez tomará su decisión y emitirá una sentencia. Cabe resaltar que la retirada de la guarda y custodia no es irreversible. Transcurrido un tiempo y modificadas las condiciones que han dado lugar a la misma, los progenitores pueden recuperarla. Lo ideal, sin duda, sería que estas adversidades jamás afectaran a los más pequeños.

lunes, 5 de septiembre de 2016

VOLVER A EMPEZAR





Septiembre vuelve cada año con vocación de promesa. Todo cambio de temporada tiene algo de parto y, por lo tanto, de emoción y de incertidumbre. Un futuro impreciso se abre ante nuestros ojos adoptando la forma de un lienzo que aguarda esas pinceladas que lo convertirán en nuestra última creación. A mayor número de velas en la tarta de la vida, más obras pictóricas firmadas de nuestro puño y letra. Probablemente, ningún crítico de arte las calificaría de magistrales pero, al menos, nadie podrá discutirles ni nuestra autoría ni la buena fe de la que están inspiradas. 

Parece que fue ayer cuando nuestros hijos comenzaban las vacaciones de verano y, sin darnos cuenta, se enfrentan otro año más al retorno a las aulas. De hecho, parece que fue ayer cuando nosotros mismos volvíamos al colegio tras tres inolvidables meses de verano que nos mantenían alejados de profesores y compañeros, tardes interminables jugando en la calle, montando en bicicleta y merendando pan con chocolate en aquella España setentera que en ocasiones añoro. 

Para mí, volver a empezar es siempre un ejercicio muy motivador. Por eso me gusta el mes que ahora se inicia, porque me insinúa que lo mejor está por venir, porque me recuerda que hay decisiones que tan sólo dependen de mí. Se trata de un perfecto punto de partida desde el que todo es posible. Precisamente ahora se cumplen seis años desde que comencé a publicar mis escritos con asiduidad. Frente a la hoja en blanco me afano en elegir cuidadosamente el sustantivo, el adjetivo y el verbo, para convertirlos en el cauce de los pensamientos que quiero compartir. 

Seguir teniendo sueños por cumplir es un magnífico punto de partida para este septiembre recién estrenado y a mí, una Cáncer de libro, sueños nunca me han faltado. Sueños como el de seguir escribiendo. O como el de continuar lanzando mi voz a través de las ondas radiofónicas. Septiembre ya enarbola mi primer propósito para la nueva temporada. Cruzo los dedos para poder cumplirlo. En mi mente aguarda una lista.

viernes, 2 de septiembre de 2016

ARGUMENTOS A FAVOR DEL UNIFORME ESCOLAR



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 2 de septiembre de 2016

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 2 de septiembre de 2016







A punto de iniciarse el curso escolar, ciertos temas de índole social continúan siendo objeto de debate pese al transcurso de los años. Todavía recuerdo cómo hace algún tiempo la entonces Consejera de Educación de Cataluña se colocó en el punto de mira de la oposición gubernamental de su Comunidad Autónoma tras lanzar una propuesta para implantar el uso del uniforme escolar en los colegios públicos catalanes, sumándose a una medida idéntica puesta ya en marcha con éxito en otras regiones españolas. La reacción de sus adversarios políticos no pudo ser más furibunda. Tanto que aquella noticia adornó los titulares de todos los informativos de radio y televisión del país, amén de las páginas de los periódicos de mayor tirada nacional. 

Tan viscerales parlamentarios echaron el resto a la hora de derrochar sus energías en un asunto así de menor, aunque mejor hubieran hecho en ocuparse de los incontables problemas verdaderamente graves que afectaban (siguen afectando) a aquellos ciudadanos cuyo voto imploraron (siguen implorando) para continuar ocupando sus escaños y calentando sus poltronas. Los argumentos esgrimidos por los detractores de la prenda en cuestión no han variado demasiado con el paso de las décadas, por lo menos desde que yo fui usuaria de la misma en mi época estudiantil. Para colmo, resulta de lo más paradójico que una porción muy sustancial de tan airados manifestantes ni siquiera tenga hijos en edad escolar. Me atrevo a asegurarles que, en tal caso, su visión al respecto tal vez fuera otra bien distinta. 

El caso es que al infeliz atuendo lo tildaron de servir de escaparate a la versión más reaccionaria y conservadora de nuestra sociedad. Es más, según ellos, en él se materializaba la voluntad de emular a las escuelas privadas y concertadas, tanto en sus valores como en sus formas externas (por lo visto, altamente rechazables). Sus inflamados enemigos, en un alarde de videncia, vislumbraban tras semejante iniciativa la vuelta a unos modelos educativos caducos, represores y confesionales. Debe ser que quienes disfrutamos de sus evidentes ventajas somos demasiado prácticos o andamos escasos de tiempo libre o, sencillamente, no acostumbramos a ideologizarlo todo, porque nos resulta agotador pasarnos la vida ondeando banderas y paseando pancartas. 

Con independencia del profundo respeto que guardo a todo padre que opta por enviar a sus hijos a clase con ropa de calle, he de decir por propia experiencia que el uso del uniforme reúne una serie de incontestables ventajas. La primera es que, a la larga, favorece el ahorro familiar. Compadezco a quienes tengan que adquirir un fondo de armario que cubra las expectativas de cualquier adolescente, sea o no esclavo de las marcas, de lunes a viernes. La segunda, estrechamente ligada a la anterior, es que evita las interminables discusiones mañaneras acerca de la elección de la ropa, que se traducen en retrasos asegurados y que lanzan al sufrido adulto en brazos de los tranquilizantes. 

Aún más defendible me parece el efecto implícito de no discriminar a los alumnos en atención a su capacidad económica, que de esta manera no se pone de manifiesto. Por no hablar del penoso espectáculo que perpetran determinadas criaturas mostrando escotes y tangas de camino a las aulas. Ahora va a resultar que exigir un mínimo de respeto en el vestir se va a considerar un ataque frontal a la libertad de expresión y al derecho a la propia imagen de los estudiantes. 

Pienso que el fin último de la educación, sea pública, privada o concertada, estriba en transmitir a los menores una serie de valores y de conocimientos que les conviertan en futuros individuos con criterio (lleven uniforme o no lo lleven). En ese sentido, ojalá algunos políticos se abstuvieran de manipular ideológicamente temas como este, de libre elección personal, y se dedicaran a resolver otras problemáticas bastante más prioritarias.