martes, 26 de mayo de 2020

VOLVEREMOS A CANTAR




Desde el Coro “Carmen Rosa Zamora” de la Escuela Municipal de Música de Santa Cruz de Tenerife me llena de emoción compartir esta preciosa canción de nuestro amplio repertorio, junto a unas entrañables imágenes de diversas actuaciones a lo largo de los años. 

Queremos de este modo transmitir un mensaje de esperanza en el futuro ya que, a pesar de los momentos difíciles que estamos atravesando, el infinito permanece sembrado de estrellas, el grandioso mar conserva su inmensidad, el colorido arco iris continúa luciendo su belleza y las flores nos siguen regalando día a día su perfume y su color. 

Pronto volveremos a hermanar voces y corazones para generar esa atmósfera de cariño y compañerismo que se ha convertido en nuestra principal seña de identidad, demostrando en cada audición que la música es la mejor medicina para el alma.

Adjunto a continuación el enlace de video:


viernes, 22 de mayo de 2020

SER DECENTE SIN NECESIDAD DE SER HEROICO


Artículo publicado en El Día el 22 de mayo de 2020

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 23 de mayo de 2020



En la escena final de “Quiz Show”, excelente película dirigida por Robert Redford, su protagonista confiesa ante una comisión parlamentaria su participación en el amaño de un concurso televisivo. Una vez reconocida su complicidad en los hechos, varios integrantes de la citada comisión le felicitan por haber tenido la valentía de confesar públicamente su mentira y el coraje de admitir su trampa. Sin embargo, uno de los miembros del Congreso toma la palabra para expresar la siguiente idea: “No estoy de acuerdo con mis colegas. No creo que un adulto de su inteligencia deba ser elogiado simplemente por decir la verdad”. En aquel momento, tras esa única reprimenda dirigida al confeso y, simultáneamente, al resto de los compañeros congresistas que pretendían ensalzar lo que, en el fondo, deberían haber reprobado, el público presente en la sala irrumpe en un estruendoso aplauso. 

Dicha escena me viene a menudo a la mente, así como unas palabras que en su momento escuché al filósofo José Antonio Marina, afirmando que “lo que caracteriza a una sociedad justa es que en ella se puede ser decente sin necesidad de ser heroico”. Sin embargo, nuestro sistema de valores ha quedado oxidado, la ética se ha podrido y, a día de hoy, cumplir con el deber pasa a convertirse en una conducta sorprendente que genera ovaciones y reconocimientos. Abundando en esta cuestión, y a tenor de las informaciones relacionadas con casos de corrupción y falsedad dentro y fuera de nuestras fronteras, no es infrecuente escuchar comentarios del tipo “hay que ser muy íntegro para no aceptar un sobre con dinero” o “¿quién no actuaría así en una situación similar?”. Por lo tanto, parece evidente que los españoles aceptamos esta clase de latrocinios y mentiras con cierta laxitud. No hay mas que ver la nula factura que pasan desde el punto de vista electoral. 

A veces les colocamos un disfraz o los denominamos “picaresca” para suavizar el oído y acomodar la conciencia, pero la triste realidad es que somos una nación que cuenta entre sus máximas más celebradas la que reza “hecha la ley, hecha la trampa” y que gustamos de aupar a personajes tan chuscos como El Dioni (cuya gran aportación social consistió en robar un furgón lleno de dinero y fugarse después a Brasil para dilapidarlo a base de juergas) al estrellato mediático. Continuando con las referencias cinematográficas, el actor Liam Neeson manifestaba en la sobresaliente cinta “Batman Begins” que “el crimen prospera porque la sociedad es indulgente” y, desde luego, la española lo es con la corrupción y la mentira. Ahora que las redes sociales invitan al desahogo y funcionan como altavoz de la indignación ciudadana, cabría preguntarse cuáles son nuestros modelos éticos y nuestros parámetros del bien y del mal. Si de verdad queremos que este deplorable escenario cambie, deberemos empezar por dejar de justificar actuaciones injustificables y de comprender actitudes incomprensibles. En definitiva, de ser indulgentes con la degradación política, pero también con la irresponsabilidad ciudadana. 

De no ser así, se cumplirán los augurios del poeta ruso Yevgeny Yevtushenko cuando pronosticaba que "llegará un día en el que nuestros hijos recordarán con vergüenza aquellos tiempos en los que la honestidad era calificada de coraje". A mí, por más años que pasen, sigue impactándome que los partidos que aspiran a conseguir el poder cuenten con miles de afiliados y millones de votantes que, elección tras elección, miran hacia otro lado ante los casos probados de fechorías que tienen lugar bajo sus siglas. Sin embargo, paradójicamente, no dejan pasar la oportunidad de airear los trapos sucios de los adversarios mientras exigen para sus afines el derecho a la presunción de inocencia. Dicho de otro modo, toleran las faltas de los propios para, simultáneamente, ser implacables con las de los ajenos. Y, así luego, pasa lo que pasa: que me entran unas irreprimibles ganas de emigrar.

https://www.laprovincia.es/opinion/2020/05/23/decente-necesidad-heroico/1285079.html

martes, 19 de mayo de 2020

REENCUENTROS EN LAS ONDAS






Esta mañana he participado a través del teléfono en otra satisfactoria experiencia radiofónica de la mano del periodista Eugenio González, dentro del programa “Buenos días, Canarias”. 

Hoy ha resultado especialmente emotivo para mí coincidir en antena con la Directora Gerente del Hospital Nuestra Señora de la Candelaria, Natacha Sujanani, amiga muy querida por quien siento, además, una profunda admiración (a partir del minuto 12 del enlace de audio adjunto). 

Cada vez falta menos para retornar a ese inolvidable estudio de RTVC...


viernes, 15 de mayo de 2020

UNA GRAN FAMILIA DE FAMILIAS



Artículo publicado en El Día el 15 de mayo de 2020

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 16 de mayo de 2020




Promovido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Día Internacional de las Familias se celebra cada 15 de mayo para crear conciencia sobre su papel fundamental en la educación de los hijos desde la primera infancia y en las oportunidades de aprendizaje permanente para niños, niñas y jóvenes. En pocos ámbitos como en el familiar se aprecia de un modo más patente el gran cambio experimentado en las últimas décadas. El modelo denominado tradicional, compuesto por el padre, la madre y los hijos, presenta a día de hoy una notable evolución que ha dado lugar a familias reconstituidas, ensambladas, monoparentales, homoparentales o creadas a través de la maternidad subrogada, entre otras. 

Sin embargo, estas variantes no implican que dejen de ser el núcleo central de las relaciones afectivas. Tan sólo significa que ya no se asientan únicamente sobre lazos biológicos, sino también de otra índole. Se trata, pues, de un universo interpersonal sometido a múltiples influencias y que reclama una necesaria legitimación social y una regulación normativa apropiada. Ser conocedores de esta diversidad y de las problemáticas que genera supone un primer paso, imprescindible para acelerar reformas legislativas llamadas a rellenar esas lagunas existentes que operan en detrimento de los menores que forman parte de estos nuevos patrones sobrevenidos. En ese sentido, considero que es un deber de los juristas ejercer nuestra profesión en pro de la ciudadanía y vivir la justicia de un modo cercano, sobre todo cuando se trata de velar por el bienestar de los más pequeños de nuestra sociedad. 

Abundando en la misma idea, las instituciones también han de responder con celeridad a estos imparables cambios sociales que nos afectan, ofreciendo respuestas tendentes a normalizar la multiplicidad en vez de crear grupos excluidos y, en consecuencia, vulnerables. La actual familia española es cambiante y plural, y su regulación debe poseer un carácter ético que atienda a la protección de los más frágiles, primando el interés comunitario sobre el personal y el personal frente al patrimonial. Es un orden jurídico que ha pasado de jerárquico a horizontal y que supone nuevos retos sobre otras problemáticas sociales, como la dependencia, la igualdad de la mujer, la discapacidad o la violencia de género (de la que los hijos también son víctimas). Numerosas personas acuden a los juzgados para solucionar conflictos que, con la actual jurisprudencia, no son sencillos de resolver, aunque prevalece en todo caso el interés de los menores y la voluntad de mantenerles a salvo de las discrepancias. 

En mi opinión, una de las asignaturas pendientes más prioritaria es la de atribuir una posición adecuada a las nuevas parejas de los progenitores, así como a las figuras del padre y la madre no biológicos, en aras a abordar asuntos tan esenciales como el ejercicio de la autoridad parental, la delegación de funciones, la guarda en caso de enfermedad o el derecho de visitas, por citar algunos. No obstante, esta ineludible regulación no requiere solamente de la intervención de profesionales del Derecho sino, en gran medida, de la participación y el buen criterio de otros especialistas que desarrollan su labor en campos relacionados con la infancia. Exigir una formación especializada en estas nuevas clases de vínculos y fomentar la figura de la Mediación para alcanzar soluciones más creativas, flexibles y tolerantes con las que convertir el entorno familiar en un universo enriquecedor y al margen del enquistamiento de roles, es una vía muy aconsejable para restablecer la cordialidad y la convivencia, así como la de incluir equipos de apoyo en las propias sedes judiciales. 

Asimismo, resulta básico escuchar a todos los implicados en estos nuevos escenarios y, muy particularmente, a los propios niños, porque con sus testimonios pueden iluminar el camino hacia la mejor solución. No hay que olvidar que los modelos cambian, pero los sentimientos permanecen. Ojalá hayamos aprendido como sociedad alguna lección de vida durante este encierro sobrevenido y, a partir de ahora, seamos capaces de formar una gran familia de familias sustentada sobre el cariño y el respeto.




viernes, 8 de mayo de 2020

PASTILLAS PARA SER MEJOR PERSONA


Artículo publicado en El Día el 8 de mayo de 2020

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 9 de mayo de 2020




Este prolongado confinamiento ejerce un poderoso influjo sobre mi memoria. Determinadas situaciones provocadas por la pandemia me invitan a recordar cuestiones que en otro momento me llenaron de perplejidad. Hace no muchos años leí en una publicación de fin de semana que ya estaban en la senda de la comercialización las “pastillas para ser mejor persona”. Tal cual. Así lo creía, al menos, un grupo creciente de científicos y filósofos que planteaban una tesis revolucionaria: el futuro de la Humanidad pasa por sintetizar drogas que nos ayuden a tal fin. Se afirmaba en el citado reportaje que primero fue el dopaje deportivo, para mejorar el rendimiento físico. Luego llegó el dopaje cognitivo, para aumentar la eficacia en el trabajo y los estudios. Y, finalmente, la siguiente frontera sería el dopaje moral, a cargo de fármacos que nos volverían más pacientes, tolerantes y empáticos. 

Dichos expertos defendían (seguramente, lo seguirán haciendo) que no se trataba de ciencia-ficción, sino de una realidad tangible. De hecho, ya existen numerosos compuestos que afectan a nuestra toma de decisiones de tipo ético (antidepresivos, anfetaminas, hormonas…) y utilizamos tales sustancias con una precisión cada vez superior. El ejemplo más diáfano de las bondades de estos tratamientos se personifica en los psicópatas. Su trastorno es tan fácil de describir como peligroso para la sociedad. Son incapaces de empatizar con sus semejantes, pero los experimentos con técnicas como la estimulación cerebral indican que su déficit se va paliando con el paso del tiempo. Lo mismo ocurre con quienes, por ejemplo, sufren ataques de ira y cometen acciones de las que luego se arrepienten. 

En realidad, no se trata de un fenómeno tan nuevo como pudiera parecer. Ni siquiera es preciso imaginar escenarios tan extremos. El caso más evidente es la castración química de delincuentes sexuales a cambio de una reducción de su condena. Mediante inyecciones de fármacos que reducen su libido, consiguen controlar la conducta reprobable de abusar de sus semejantes. También se dan casos ajenos al ámbito penal, como el de los niños que padecen trastornos de atención, a los que las pastillas, además de tratar su enfermedad, mejoran su comportamiento. En todo caso, ese pretendido dopaje moral camina con lentitud y los investigadores coinciden en indicar que un medicamento así es una utopía. Ni los más visionarios creen factible sintetizar un compuesto que anule por completo la inmoralidad, aunque sí existirán drogas que ayudarán a controlar los instintos más innobles. 

Pienso en este punto, por ejemplo, en esa denominada “policía de balcón”, tan de moda por mor de la reciente reclusión domiciliaria. Debido, supuestamente, a la presión generada por la cuarentena, se han cometido abusos y vertido acusaciones anónimas en base a la duración del paseo de las mascotas o a la movilidad de los profesionales de la Sanidad, generando a mi juicio una insana atmósfera de suspicacia. Afirman los protagonistas de tan siniestro comportamiento que ellos tan sólo se conducen por el bien común. Sin embargo, a mí me da la sensación de que albergan a un juez en su seno, por no decir a un inquisidor. La cuestión es calibrar si, cuando una sustancia altera la capacidad para tomar decisiones, se sigue siendo libre. 

Sus defensores no lo dudan. No comprenden tanto escrúpulo. Afirman que hace a los individuos todavía más libres y que, en vez de ser presas de sus instintos, cuentan con mayor margen para comportarse de acuerdo a los valores. Por contra, otros critican que la gragea les ahorre el esfuerzo cotidiano de actuar éticamente. En lo que todos están de acuerdo es en reconocer los incalculables efectos secundarios de una medicación tan compleja. Todo pasaría por garantizar la voluntariedad de su uso y, más aún, por admitir que nunca existirá una pastilla que transforme a los seres humanos en santos. Y es que hay instintos que ningún compuesto químico, por avanzado que sea, logrará derrotar jamás.