viernes, 19 de enero de 2018

EL DERECHO DE LOS MENORES A SER VACUNADOS




Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 19 de enero de 2018




La Junta de Andalucía ha retirado a una pareja de forma temporal la custodia de su hijo de un año, después de que los médicos de un hospital gaditano le diagnosticasen palidez cutánea, anemia, deshidratación, malnutrición y carencia de masa muscular. Desde su nacimiento, sus padres le mantenían ajeno a todo control pediátrico y jamás le habían vacunado. 

Hasta la fecha el bebé ha venido siguiendo el sistema denominado “crianza por apego”, que consiste en el contacto físico permanente con los progenitores, el amamantamiento a demanda, la oposición a la escuela infantil hasta los tres años y el traslado piel con piel sin uso de carritos, entre otras especificidades. El Gobierno Autonómico andaluz asegura que se trata de un caso de negligencia muy grave vinculado con la alimentación y los cuidados sanitarios del menor, que se ha visto colocado en una situación de peligro extremo.

A tenor de esta desoladora noticia, considero que es preciso aclarar que quienes deciden no vacunar a sus hijos provocan la colisión de varios principios universales. Uno de ellos es el derecho de todo progenitor a elegir lo que considera mejor para sus vástagos. Otro es el del propio niño a obtener para sí mismo los mayores avances sanitarios aceptados por la comunidad médica (aun cuando sus padres no los acepten). Y un tercero, extraordinariamente relevante, es el del resto de adultos y menores que cumplen escrupulosamente con los programas de vacunación a no ser contagiados por sus incumplidores. Nos hallamos, pues, ante un debate público muy serio y, por desgracia, todavía no resuelto desde el punto de vista legal y ético.

En contra de lo que muchos ciudadanos piensan, la vacunación en España no es obligatoria. Su ausencia ni siquiera supone un obstáculo para impedir la escolarización infantil. En nuestro país sólo es forzosa “en el caso de un brote infeccioso no controlado en un colectivo de personas no vacunadas por una infección que es prevenible mediante vacunación”. Pero lo cierto es que los grupos contrarios a su aplicación son cada vez más numerosos y su repercusión, merced a las influyentes redes sociales, cada vez más notoria.

Las vacunas constituyen uno de los mayores descubrimientos en la Historia de la Medicina y son el elemento más importante de prevención del que disponen los facultativos. Gracias a su eficacia han desaparecido enfermedades muy frecuentes hasta hace pocos años pero, paradójicamente, a medida que erradican patologías antaño mortales, crece el número de  personas contrarias a ellas. Inexplicablemente, nuestra avanzada (entre comillas) sociedad parece ahora más pendiente que nunca de sus posibles efectos adversos, por leves o raros que sean. 

Olvidan aquel pasado no tan lejano de desprotección frente a males como la viruela, la poliomielitis, el sarampión o la misma gripe. Quizás una información clara y precisa sobre su seguridad sería clave para que sus detractores comprendieran su trascendencia y se evitaran casos tan lamentables como el que nos ocupa.

En el caso de España, uno de los principales puntos que mueven a confusión es la inexistencia de una programación unificada, puesto que cada Comunidad Autónoma decide qué vacunas incluir en el calendario oficial y cómo se deben administrar. Sea como fuere, las vacunas son un derecho de los hijos y una obligación de los padres, que deben proporcionarles las herramientas existentes para evitar que enfermen. Es cierto que no son perfectas, pero casi. Tan cierto como que los avances científicos en materia sanitaria van dirigidos a mejorar las condiciones de vida de los seres humanos. 

Lo que no parece de recibo es apuntarse a estas corrientes alternativas que adoptan posicionamientos de riesgo y que ponen en claro peligro a terceros inocentes. Ojalá esta criatura a la que, finalmente, tuvieron que llevar a Urgencias, se recupere satisfactoriamente y su caso sirva para recordarnos que vivir en sociedad implica cumplir ciertas normas y recomendaciones, con independencia de que nos gusten o no.

martes, 16 de enero de 2018

UN CANTO A LA JUSTICIA Y A LA DIGNIDAD




La cinta “Tres anuncios a las afueras” es una de las sorpresas más agradables del presente año cinematográfico. Se trata de una obra de modesto presupuesto -para lo que es habitual en la industria norteamericana- y refleja esa América profunda de comportamientos rudos, pueblos entre montañas, sheriff con estrella sobre la camisa, sombreros vaqueros y locales de carretera donde suena música “country”.

En teoría, se podría pensar que es difícil identificarse con ese ambiente y esa sociedad tan lejanos y característicos. Pero, más allá de la estética y los estereotipos, existe una condición humana que nos iguala en cualquier parte del planeta. Lo cierto es que Martin McDonagh, director y guionista de “Escondidos en Brujas” y “Siete psicópatas”, ha conseguido filmar una entretenida, divertida y reflexiva película con la que está cosechando numerosos aplausos y reconocimientos.  

Una madre cuya hija ha sido asesinada considera que la Policía Local encargada de la investigación no se toma en serio el caso y decide pasar a la acción alertando sobre la pasividad de las autoridades. Para ello, coloca tres carteles a la entrada del pueblo con unos mensajes muy controvertidos sobre el jefe de la citada Policía. Tanto los funcionarios aludidos como los propios habitantes de la localidad se vuelven en contra de la progenitora, pero ella continúa adelante, denunciando en los medios de comunicación la corrupción y el racismo de los agentes del orden.

Entre los principales méritos del largometraje se cuentan unas magníficas interpretaciones de sus actores, unos diálogos y unos pasajes del guion muy mordaces y, sobre todo, la evolución de los personajes, que transitan entre el bien y el mal con sorprendente facilidad. Los villanos terminan realizando acciones heroicas y las víctimas pretenden convertirse en verdugos pero, en ambos casos, sin perder un ápice de credibilidad. La tranquilidad y la parsimonia de ese pequeño enclave de Missouri coexisten en armónica compenetración con la violencia sin poner en riesgo el concepto de vecindad. El resultado se traduce en casi dos horas de buen cine que arranca del espectador una sonrisa para, posteriormente, obligarle tragar saliva. Una combinación, sin duda, muy meritoria. 

El film reúne una serie de elementos que evocan otros títulos como “Fargo” o la más reciente “Comanchería”, compartiendo la misma visión de unas comunidades rurales donde todo el mundo se conoce y lleva a flor de piel los sentimientos más extremos. Individuos tan capaces de darte un abrazo como un puñetazo, de ayudarte como de tenderte una trampa. Auténtico filón para que un agudo cineasta ironice, critique y recapacite sobre la clase de seres que somos los humanos, desde la madre vengativa al agente autoritario, desde el jefe comprensivo al enano colaborador. Una fauna sumamente heterogénea, pero no tan diferente como pudiera creerse en un principio. 

A la espera de conocer el anuncio de las nominaciones a los Oscar, “Tres anuncios a las afueras” ya ha recibido el premio al mejor guion en la Mostra de Venecia y el galardón del público a la mejor película en los Festivales de San Sebastián y Toronto. Sus seis candidaturas a los Globos de Oro se han convertido en cuatro triunfos en las categorías de película de drama, guion, actriz principal y actor de reparto. Asimismo, el “American Film Institute” la ha escogido entre las diez mejores cintas del año. Por tanto, cuando tanto la crítica como el público coinciden en sus valoraciones, es obvio que nos hallamos ante un trabajo que debe ser visionado.


Punto y aparte merece la extraordinaria actriz Frances McDormand, interpretando de un modo sobresaliente a esa madre atormentada, golpeada con reiteración por la vida y que, aun así, se esfuerza por dar la impresión de atesorar una fortaleza y una determinación sorprendentes y admirables.  Ganadora de la estatuilla dorada de Hollywood por la ya mencionada “Fargo”, posee un largo currículum compuesto de actuaciones imprescindibles como las de “Arde Mississippi”, “Casi famosos”, “Quemar después de leer” o “Agenda oculta”. Le acompañan en el reparto unos también acertados Woody Harrelson, Sam Rockwell y Peter Dinklage.

viernes, 12 de enero de 2018

NO A LA DEROGACIÓN DE LA PRISIÓN PERMANENTE REVISABLE




Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 12 de enero de 2018


Cuando José Luis Rodríguez Zapatero todavía era Presidente del Gobierno, mantuvo una reunión con el padre de la difunta adolescente Marta del Castillo, en el transcurso de la cual el progenitor de la joven pidió la implantación de la cadena perpetua y el cumplimiento íntegro de las penas impuestas para delitos sexuales y agresiones contra menores. Aquel caso concreto se había venido a sumar a una lista de horrendos crímenes con nombres y apellidos, como los de Sandra Palo y Mari Luz Cortés, que habían generado gran alarma social. El triste final de los hermanos Ruth y José Bretón como consecuencia de la venganza por un divorcio no aceptado por la parte paterna se añadió a un siniestro catálogo que precisaba de una respuesta acorde a su gravedad. A ellos les acompaña ahora el asesinato de la joven Diana Quer, que llena de estupor e indignación a la ciudadanía española.

Por su fuerte repercusión mediática, estas cuestiones son tema frecuente de conversaciones donde la diversidad de opinión es manifiesta. Uno de los debates más recurrentes es el que tiene por objeto la conveniencia de la regulación, bien de la pena de muerte, bien de la cadena perpetua. Algunas personas se declaran firmes defensoras de la primera opción y argumentan sus beneficios en el hecho de que sirve para disuadir a asesinos en potencia que, sabedores del futuro que les espera, se lo pensarían dos veces antes de cometer una fechoría. Consideran, asimismo, que no es de recibo dedicar un porcentaje de sus impuestos a mantener a sujetos de este perfil en unas prisiones cada vez más modernas y confortables.

Sin embargo otros, entre quienes me incluyo, estamos absolutamente en contra de la primera medida. Mi principal razonamiento estriba en que ningún sistema penitenciario posee atribuciones para decidir de manera infalible quién debe vivir y quién debe morir. Los derechos humanos, encabezados por el derecho a la vida, son inalienables y nadie los debe privar ni tampoco ser privado de ellos, pues la esencia de todo Estado consiste en proteger a sus ciudadanos, sean buenos o malos. Esta postura no resulta en absoluto incompatible con la ineludible exigencia de hacer justicia con las víctimas y, a la par, castigar con dureza a los criminales. Por ello, siempre me he declarado una firme defensora de la prisión permanente revisable que, pese a lo que afirman sus detractores, no supone una contradicción en sus términos.

Se trata de la máxima pena privativa de libertad que existe en nuestro Código Penal y, a mi parecer, no resulta desproporcionada en atención a los gravísimos delitos a los que va aparejada (atentados terroristas, asesinatos múltiples y agresiones sexuales reincidentes). Es cierto que, aunque pueda traducirse en la permanencia del reo en una cárcel de por vida, no tiene por qué ser necesariamente así, habida cuenta que su régimen jurídico contempla la posibilidad, cumplidas determinadas condiciones, de la obtención de beneficios tales como permisos, régimen de tercer grado, libertad condicional e, incluso, plena. Pues bien, por más que se trata de una figura que existe en la mayor parte de los países de la Unión Europea y que está avalada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el pasado mes de octubre, a petición del Partido Nacionalista Vasco, todas las formaciones políticas de la oposición, con la excepción de Unión del Pueblo Navarro, exigían su derogación inmediata.

A título personal, confío en que la madre de Diana Quer y la de Amaia y Candela Oubel (las  niñas gallegas degolladas con una radial por su progenitor) vean satisfecha su petición de que esa derogación no se produzca. Existen demasiadas personas en España convencidas de que la justicia no es igual para todos y de que viven en un paraíso para los delincuentes, y necesitan urgentemente recuperar la fe en aquellos que deben velar por su seguridad -llámense gobernantes, legisladores o jueces-. No les defrauden más, por favor.

http://www.laopinion.es/opinion/2018/01/12/derogacion-prision-permanente-revisable/841474.html