martes, 17 de enero de 2017

UN LECTOR VIVE MIL VIDAS




Se han dado a conocer recientemente los últimos datos del Centro de Investigaciones Sociológicas sobre hábitos de lectura en España y, como todos los años, los resultados son demoledores. Me limitaré a un solo dato: cuatro de cada diez españoles no lee NUNCA y de los seis restantes habría también mucho que hablar. 

Hace ya algún tiempo escribí en las páginas de este blog que me entristece profundamente constatar que en mi país cada vez se lee menos, se escribe peor y se habla de un modo más deplorable -prensa, radio, televisión y redes sociales incluidas-. Por desgracia, mi postura no ha variado ni un ápice.

Soy una gran convencida de que hablar y escribir bien son signos incuestionables que definen nuestra identidad más profunda. Cuanto mayor sea la perfección en el uso de las palabras, así será de efectiva nuestra capacidad de relacionarnos socialmente. Saber comunicar adecuadamente es una cualidad fundamental en los ámbitos personal y profesional y, por lo tanto, convendría que nos esforzáramos con afán en dominarla. Además, aprender a expresar las ideas de un modo claro y preciso es una capacidad al alcance de todo aquel que esté dispuesto a dedicar un mínimo de su tiempo y de su esfuerzo a tal labor. No en vano somos seres sociales que necesitamos relacionarnos entre sí para transmitir conocimientos, experiencias, sentimientos y opiniones. Y, teniendo en cuenta que el arte de hablar es el arte de persuadir, quienes se expresen con claridad y precisión se abrirán camino en la vida con mayor rapidez y probabilidad de éxito. 

Lo mismo ocurre con la expresión escrita. Escribir correctamente es una de las mejores inversiones que cualquier persona puede realizar, ya que evidencia una educación que incluye la necesaria y asidua dedicación a la lectura, a la par que le abre las puertas para entender y ser comprendido. Sin embargo, al contrario de lo que sucede en otros países de nuestro entorno -muy especialmente los de la esfera anglosajona- el sistema educativo español apenas contempla el aprendizaje de técnicas de oratoria. Allí los alumnos pugnan por salir a la pizarra para exponer un tema delante de sus compañeros. Desde el tono de voz a la postura empleada, desde el contenido a desarrollar al tiempo dedicado para ello, todo es decisivo. La timidez se trabaja para transformarla en autoestima. Han de desinhibirse, enfrentar el miedo, no acobardarse ante los demás y creer en ellos mismos. 

Aquí, sin embargo, es patente nuestro déficit formativo en esta área. A los españoles no nos gusta hablar en público (incluida la clase política) y no acaba de calarnos la idea de que el talento por sí solo ya no es suficiente y de que una persona preparada que, además, sabe hablar, atesora unas posibilidades de futuro muy superiores a las de otra con espectaculares conocimientos pero nulas dotes comunicadoras. Los expertos en la materia afirman con rotundidad que transmitir con eficacia es una habilidad básica y prioritaria, de tal manera que, mejorando la virtud de la oratoria en niños y jóvenes (se puede aprender a hablar en público a cualquier edad pero, cuanto antes se empiece, mejor) se conseguiría un efecto muy positivo en su rendimiento escolar y en su desarrollo profesional, aumentando los niveles de asertividad, liderazgo y empatía. 

Es verdad que cuando se trabaja desde edades tempranas es más fácil dominar su técnica pero, como no tiene fecha de caducidad, basta con la voluntad intemporal de aprender para completar carencias y paliar vicios. Personalmente me llama la atención muy favorablemente que en países como Gran Bretaña o Estados Unidos la dinámica parlamentaria se organice en torno a discusiones abiertas y espontáneas, en clara contraposición a las preguntas redactadas de antemano y a los pesados turnos de intervención propios de nuestros Congreso, Senado y Parlamentos Autonómicos. 

De hecho, también los procesos judiciales los basan en duelos verbales, a diferencia del lento y burocrático modelo hispano. Por suerte para sus ciudadanos, la retórica está en el corazón del debate político, preservando el cordón umbilical que une la oratoria con la práctica democrática. En consecuencia, creo firmemente que enseñar a leer con asiduidad, a escribir con corrección y a hablar en público con destreza deberían ser los tres objetivos absolutamente ineludibles de nuestro sistema educativo. Sin ellos, el resto de conocimientos adquiridos quedarán huérfanos. Porque una sociedad que lee poco, escribe mal y habla peor está abocada al fracaso más absoluto.

viernes, 13 de enero de 2017

CARAS DE ANCHOAS Y ANCHOAS QUE SALEN CARAS


Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 13 de enero de 2017

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 15 de enero de 2017




Entre los infinitos palabros que tenemos que padecer de un tiempo a esta parte por mor de la globalización y el auge de las nuevas tecnologías, sobresale uno que ha entrado con fuerza en los sufridos hogares que gozan de la presencia de adolescentes en su seno. Me estoy refiriendo al término Youtuber, uno de cuyos exponentes más casposos apareció recientemente en todas las cadenas televisivas, cuando la víctima de una de sus gracietas le propinó un pedagógico tortazo con la mano abierta, para regocijo (me incluyo) de la mayoría de los espectadores del experimento. Es lo que tiene llamarle “cara anchoa” a un sufrido repartidor autónomo. Que te deja los cinco dedos marcados en la cara y tienes que salir por piernas a dar de baja tus perfiles internáuticos. 

El fenómeno social que protagonizan estos nuevos reyezuelos de las redes sociales, a los que casi nadie recordará dentro de pocos años, no es especialmente novedoso en cuanto a su esencia, porque la difusión de contenidos banales ha sido muy frecuente a lo largo de la Historia. La diferencia radica en su contemporánea vía de difusión, a un simple toque de ratón o de móvil en manos juveniles, desde cualquier lugar y a cualquier hora del día y de la noche. Inexplicablemente, estos nuevos ídolos de masas están siendo capaces de reemplazar en popularidad a las figuras más icónicas del deporte, la música o el cine dedicándose tan sólo a subir videos de su propia cosecha, emitir opiniones (normalmente a voz en grito) de contenido discutible, comentar videojuegos, publicar tutoriales o rodar filmaciones caseras. 

El caso es que la explicación fundamental de su existencia es la misma desde que el mundo es mundo, a saber, desarrollar una cultura alternativa no coincidente con la de los adultos, ya sea en cuanto a moda, hábitos o gustos artísticos de toda índole, y su auge coincide con esa concreta etapa evolutiva en la que priman la fuerza del grupo, la rebeldía, la necesidad de autoafirmación y la construcción de la identidad personal. La cuestión es que, hasta hace no mucho, la denominada “caja tonta” ostentaba el monopolio de encumbrar o derribar a una estrella, realidad que ya se ha ido al traste definitivamente con la irrupción de una caterva de dispositivos asociados a Internet, a través de los cuales los chavales descubren a sus héroes sin intermediarios. Y el hecho de que un joven anónimo acumule millones de fieles seguidores sin necesidad de negociar con directores de cadenas y al margen de inversiones millonarias resulta, como mínimo, chocante. De modo que, para bien o para mal, es innegable las reglas de juego han cambiado. 

Aun así, mucho me temo que las insensateces que profieren estos peculiares individuos, con ingresos a veces estratosféricos, no se alejarán en exceso de las que compartirán nuestros propios hijos cuando se reúnen con los amigos. En aras de mi estabilidad mental, prefiero pensar que se trata de un sarampión pasajero. Sigo creyendo que la clave radica en educar en valores y en dialogar con los chicos dentro de un clima de normalidad, tranquilidad y respeto hacia sus gustos, aunque a veces nos parezcan una oda a la vulgaridad. 

Apostar por el arte del discernimiento y por la transmisión del sentido crítico no es tarea fácil, pero sólo si disponen de esas herramientas serán capaces de distinguir entre lo imprescindible y lo prescindible, entre lo valioso y lo insignificante. En ese sentido, imponerles nuestra visión del mundo no parece el mejor camino, como tampoco lo es el de la descalificación gratuita de sus mitos ni el del cuestionamiento reiterado de algunas de sus actividades de ocio. Ojalá que cuando alcancen la edad adulta evidencien la evolución lógica de unos jóvenes a quienes se les ha enseñado a razonar y a debatir, a pesar del sobreesfuerzo que ello comporta.


lunes, 9 de enero de 2017

VOLVER A EMPEZAR






En este día de retorno a las rutinas comparto un texto que, en las postrimerías de la Navidad, me envió un ser al que adoro por su talento y su sensibilidad, y a quien agradezco sus muestras permanentes de cariño verdadero.


FELIZ VUELTA A LA NORMALIDAD



“No te deseo un año maravilloso donde todo sea bueno. 

Ese es un pensamiento mágico, infantil, utópico. 

Te deseo que te animes a mirarte y que te ames como eres. 

Que tengas el suficiente amor propio para pelear muchas batallas y la humildad para saber que hay batallas imposibles de ganar por las que no vale la pena luchar. 

Te deseo que puedas aceptar que hay realidades que son inmodificables y que hay otras que, si te mueves del lugar de la queja, puedes cambiar. 

Que no te permitas los “no puedo” y que reconozcas los “no quiero”. 

Te deseo que escuches tu verdad y que la digas, con plena conciencia de que es sólo tu verdad, no la del otro. 

Que te expongas a lo que temes, porque es la única manera de vencer el miedo. 

Que aprendas a tolerar las “manchas negras” del otro, porque tú también tienes las tuyas y eso anula la posibilidad de reclamo. 

Que no te condenes por equivocarte, porque no eres todopoderoso. 

Que crezcas hasta donde y cuando quieras. 

No te deseo que el 2017 te traiga felicidad. 

Te deseo que logres ser feliz, sea cual sea la realidad que te toque vivir. “.

viernes, 23 de diciembre de 2016

LAS MASCOTAS NO ADMITEN CAMBIOS NI DEVOLUCIONES




Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 23 de diciembre de 2016

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 26 de diciembre de 2016






Mientras el tiempo transcurre de un modo inexorable, sin que nada ni nadie pueda evitarlo, las ideas sobre qué regalar a los más allegados en las fiestas de Navidad se van agotando con los años. Impresionar a los seres queridos con un presente especial e inesperado se convierte para mucha gente en un importante objetivo difícil de lograr. Por ello, no es infrecuente que, llegadas estas fechas, algunos padres se planteen la posibilidad de sorprender a sus hijos con una tierna mascota a los pies del Árbol. Quien más quien menos lleva ya meses escuchando las plegarias de los más pequeños de la casa para que la noche del cinco de enero los Reyes Magos coloquen sobre sus lustrosos zapatos un hermoso perro o un dulce gato. Es fácil de entender, pues, que esta sea la época del calendario en la que se disparan las ventas de animales de compañía. 

Sin embargo, no todos sus adquirentes están mentalizados de que se trata de seres vivos, que sufren si se les abandona y se les maltrata, no susceptibles de cambio ni devolución y sin posibilidad de ser canjeados por un ticket regalo, como un mero juguete. Convivir con ellos implica hacerlo desde la responsabilidad y conlleva tratarles con amor y respeto, máxime teniendo en cuenta que en ocasiones albergan una esperanza de vida superior a los quince años, un ciclo vital muy considerable en el que será preciso aceptarles sin excusas, como unos miembros más de la familia, donde poseen su espacio y sus derechos. En consecuencia, se les deberá dispensar una correcta alimentación, una higiene adecuada y una obligatoria supervisión sanitaria. Asimismo, habrá que dedicarles cada día un tiempo de calidad, que no se reduzca a diez minutos para que den la vuelta a la manzana y, de paso, hagan sus necesidades. 

Es innegable que los niños sienten una gran atracción hacia ellos, como también lo es el hecho de que no siempre están preparados para ocuparse de su crianza. De hecho, no es descartable que su grado de interés pueda decaer a las pocas semanas de haber recibido el regalo, una vez agotado el factor sorpresa. Sólo en 2015 fueron abandonados en España 137.000 perros y gatos. Contra todo pronóstico, se trata de un fenómeno continuo, no destacando ningún mes en concreto, ni siquiera los correspondientes a la estación veraniega. Los principales motivos son las camadas inesperadas, los cambios de domicilio, los factores económicos, la pérdida de apego y el comportamiento problemático. Aun así, las campañas de sensibilización de la población contra el abandono de los animales comienzan a surtir sus efectos y cada vez son más las personas que se esmeran a la hora de escoger el animal que mejor encaje en su devenir diario. Incluso consultan a profesionales del sector, como veterinarios, cuidadores y criadores, para conocer hasta qué punto ese nuevo compañero les influirá en términos tales como el tiempo o el dinero. 

Es una de las razones por las que la alternativa de la adopción va tomando mayor fuerza y, aunque todavía no supera a la de la compraventa, sus ventajas están fuera de toda duda. Además de ser un cauce muy económico, suele incluir un seguimiento veterinario y cierta labor educativa realizada con antelación. Incluso a esos futuros dueños más proclives a la selección de razas conviene recordarles que esta repugnante figura del abandono afecta, por desgracia, a todo tipo de ejemplares, con o sin pedigrí, por lo que ni siquiera resulta pretexto suficiente para no rescatarlos de un refugio. Además, la mayoría de estos centros están desbordados y la necesidad de hallar adoptantes es imperiosa, porque con cada nueva adopción queda libre un hueco que será ocupado de inmediato por otro inocente. Todo animal merece un mejor destino que el de verse condenado a ser un capricho pasajero. Porque, sin duda, él es un verdadero regalo.




lunes, 19 de diciembre de 2016

FELIZ NAVIDAD DE TODO CORAZÓN




                 
QUE EL AMOR Y LA PAZ 
NOS ACOMPAÑEN HOY Y SIEMPRE,
MÁS ALLÁ DEL TIEMPO Y DEL ESPACIO.

⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐


viernes, 16 de diciembre de 2016

POLITIQUÉS Y TERTULIANÉS COMO IDIOMAS A DESTERRAR


Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 16 de diciembre de 2016

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 18 de diciembre de 2016





Encontrar a un político que hable de modo inteligible y exponga ideas originales suele ser misión imposible. Lo normal es que apuesten por la nula imaginación y el uso de obviedades, con discursos rayanos más en la absurdez que en la coherencia. Hablar para ser entendido no parece tan difícil aunque, eso sí, tener voluntad resulta esencial.

Lo cierto es que oyendo a los cargos públicos es cuando se comprueba con horror que la dialéctica y la oratoria continúan siendo las grandes olvidadas del sistema educativo español. Motivar a los alumnos a que debatan en clase -como se hace en otros países- y a demostrar sus conocimientos a través de pruebas orales, constituye aún una utopía. Como consecuencia, en España se adolece de esa imprescindible habilidad de hablar en público y de una necesaria capacidad discursiva, lo cual, llevado al terreno de la Política, da como resultado el triste panorama que reflejan los actuales Parlamentos, tanto el nacional como los autonómicos.

Para colmo de males, los altos representantes de todas las Administraciones suelen abonarse a la utilización de su particular jerga como herramienta que les permita dar contenido a sus, a menudo, incomprensibles y contradictorios mensajes. Como regla general, someten a los términos a una perversa carga ideológica con la finalidad de, por un lado, atacar las posiciones de los rivales y, por otro, enaltecer las propias. Además, y para mayor confusión, conceptos tales como izquierda, derecha, conservadurismo o progresismo sufren con el paso del tiempo una desnaturalización por culpa de ese tenaz empeño de acomodarlos a la realidad cambiante, significando al final lo contrario que al principio.   

En este sentido, una de las aportaciones más certeras e hilarantes del sociólogo Amando de Miguel es su alusión al politiqués, pseudoidioma pleno de retórica, petulancia y sobredosis de latiguillos insoportables que, llevados al extremo, derivan en el dialecto tertulianés, y que ni sus mismísimos usuarios entienden a micrófono cerrado o en sus respectivos entornos familiares y sociales. Se trata de una lengua plagada de ciudadanos, ciudadanas, compañeros, compañeras y demás dobletes, siempre agradables al oído (difícilmente se dirige a corruptos y corruptas, o a parados y paradas, lo que no deja de ser una incoherencia de la norma). A menudo resulta altisonante, complicada y abstrusa, una auténtica oda a los lugares comunes -cuando no a la ignorancia más supina-.

Abundando en dicha cuestión, también el gran Mario Moreno nos dejó como herencia su acreditado método para aparentar sabiduría en todas y cada una de las ramas del conocimiento, denominado “cantinflear”, o sea, hablar sin decir nada. Si esa vacuidad se reviste, además, de ambigüedad, polémica y agitación, el cuadro ya está completo. El toque ambiguo siempre ha resultado muy útil para captar al mayor número de oyentes y televidentes (quizás, electores). Igual ocurre con el tono agitador, llamado a suscitar intensas adhesiones o profundos rechazos. Y lo mismo pasa con la vertiente polémica, dirigida a derrotar a un adversario que, de no existir, habrá que crear.

Es entonces cuando entra en juego la guerra por las audiencias, entablada en esas tertulias que proliferan como setas de pino y donde gritar sustituye a razonar, interrumpir a dialogar y simplificar a argumentar, convirtiendo los debates políticos en una mera alternativa de entretenimiento, como si de un espectáculo circense se tratara. Dicha banalización convierte la información y el debate en productos de consumo, condenándolos a una especie de parodia, sin rasgo de seriedad ni fundamento. 

A ello contribuye en gran medida la retroalimentación que vincula a los platós con las redes sociales y sus colonizadores trending topics, hashtags y likes. El público continúa anhelando ganadores y perdedores, como en aquellas luchas de gladiadores de antaño, aunque ahora la sangre sea virtual. Por eso, los enfrentamientos verbales se resuelven a golpe de eficacia escénica audiovisual. Y, por eso, las declaraciones de los miembros de la clase política suelen ser un canto a la inconsistencia. Porque, efectivamente, la tramoya gana a la trama.

http://www.laopinion.es/opinion/2016/12/16/politiques-tertulianes-idiomas-desterrar/732894.html