viernes, 17 de noviembre de 2017

ZORRAS, PERRAS Y OTRAS LINDEZAS



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 17 de noviembre de 2017

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 19 de noviembre de 2017






Reconozco que soy poco amiga de los avances informáticos, aunque admito simultáneamente que estoy cometiendo un grave error instalándome en la nostalgia de un pasado de cartas manuscritas y de romances de carne y hueso. Internet me produce cierta prevención y, por qué no decirlo, bastante desasosiego, fruto sin duda de una vena provinciana de la que ni puedo ni quiero desprenderme. La certeza de un Gran Hermano que controla nuestros pasos y mediatiza nuestra intimidad me causa verdadero terror. 

Debe ser por eso que, incauta de mí, he renegado hasta la fecha de cualesquiera redes sociales a las que me invitan a pertenecer, persuadida de que con esta actitud pueril evito que trascienda hasta la marca del perfume que aroma mi cuerpo. Ese día llegará pronto, pero antes necesito preparar mis neuronas y ahormar mi tendencia a la introspección para dar el salto definitivo a la modernidad tecnológica.

Mi máxima cota alcanzada se reduce a un humilde blog y a una triste dirección de correo electrónico que, salvo honrosas excepciones, sirve de vertedero a multitud de archivos prescindibles que me envían, animados por su mejor fe, amigos y conocidos. Con frecuencia, y en función del remitente, los borro sin abrir, respaldada por la convicción de que su contenido no va a ser de mi agrado. Algunos son tan empalagosos que me sitúan al borde del coma diabético. Otros, los supuestamente graciosos, provocan en mi sentido del humor el mismo efecto que una posible fusión entre el índice Nasdaq y el Ibex 35. 

Los que  más me incomodan son aquellos que pretenden hacerme un gran favor, bien avisándome de la fecha del fin del mundo, bien ilustrándome sobre los últimos avances en materia de estafas, bien mostrándome los innumerables perjuicios de las dietas disociadas, por no hablar de los que me amenazan con toda suerte de desgracias si oso romper la cadena de la que forman parte y que, dicho sea de paso, me apresuro a hacer añicos sin piedad. Pero a veces, como una flor solitaria en medio del páramo, descubro algún e-mail que obra el milagro de despertar mi curiosidad.

En su momento recibí uno con el llamativo título “El machismo en la Lengua Española” y, amante como soy de las letras puras, decidí perdonarle la vida. Al abrirlo, desfiló por la pantalla de mi ordenador un ejército de palabras que, utilizadas en su género masculino, rebosaban corrección y dignidad pero que, al feminizarlas, mutaban sus significados para desembocar en un club de carretera. 

Procedan a vestir de mujer a zorro, perro, aventurero, callejero y hombrezuelo e inmediatamente comprenderán de qué estoy hablando. Podríamos seguir con la versión femenina de hombre público (como sinónimo de personaje prominente), o de hombre de la vida (en equivalencia a varón que posee gran experiencia), en contraposición a mujer pública y a mujer de la vida que, como habrán adivinado sin dificultad, se añaden al masificado burdel de las líneas precedentes. Queda más que demostrado que nuestra magnífica lengua común no adolece precisamente de denominaciones que hagan referencia al oficio más antiguo del mundo.

En este punto recuerdo también el caso de una academia madrileña que, años ha, decidió impartir cursos sobre prostitución de lujo. Setecientos euros eran suficientes para convertir a una señora con apuros económicos en una meretriz de alto standing (desde luego, menos cansado y más rentable que limpiar a domicilio es, y eso sin olvidar el aprendizaje de conocimientos utilísimos sobre cómo desinhibirse en el sexo grupal, hacer felaciones con elegancia o aprender modernas técnicas de strip-tease...). 

Con el fin de ampliar el vocabulario y favorecer la comunicación verbal de tan aplicadas alumnas, hubiera sido también buena idea incluir en el temario el citado texto de “El machismo en la Lengua Española”. Así, cuando sus clientes se dirigieran a ellas de mil maneras distintas, se darían por aludidas de inmediato y sin temor a equivocarse. Ventajas de saber idiomas.


martes, 14 de noviembre de 2017

NO A LA MANIPULACIÓN EDUCATIVA







Compruebo con inmensa satisfacción que mi querida y admirada Maite Pagazaurtundua acaba de denunciar ante la Unión Europea la vulneración de derechos fundamentales de los niños en Cataluña debido al adoctrinamiento que reciben en las escuelas.

La eurodiputada de Unión, Progreso y Democracia (UPyD) ha remitido un informe a la Agencia Europea de Derechos Fundamentales en el que denuncia la sistemática vulneración a la que en este ámbito se ven sometidos los menores catalanes.

Pagazaurtundua alerta en su misiva de que la educación en la citada Comunidad Autónoma sigue una estrategia predeterminada de adoctrinamiento que es contraria a la Declaración Universal de Derechos del Hombre y a la Declaración de los Derechos del Niño de la UNESCO.

"Algunas de las situaciones de vulneración de los derechos de los niños se han acentuado con la estrategia secesionista que se ha intensificado en los últimos años", alerta respecto a una práctica que asegura que lleva décadas practicándose, incluyendo casos crueles de acoso a menores de familias no secesionistas o  permisividad de los docentes para eludir las clases y asistir a actos a favor del independentismo.

Tanto en la carta remitida a la Agencia, con sede en Viena, como en otra que acompaña al dossier,  la comprometida europarlamentaria afirma que hace muchísimos años que el Govern ha olvidado que lo importante en la educación no es fabricar patriotas para la independencia.

"Los independentistas no acatan la Justicia española. Solo les importa la percepción internacional. Por lo tanto, vamos a internacionalizar la denuncia para acabar cuanto antes con estos comportamientos aberrantes", avisa sobre unos hechos de los que ya ha advertido en diversas ocasiones ante la Comisión Europea.

Según sostiene, la Constitución de 1978 ya reconoce una rica diversidad lingüística y cultural española que las Comunidades Autónomas derivaron en una intensa promoción a través del sistema educativo de lenguas como el gallego, el catalán o el euskera.

Y pone su ejemplo personal en el País Vasco, donde estudió en una ikastola y años después vivió de primera mano los atentados de ETA a personas como Fernando Buesa o José Ramón Recalde, que trabajaron por la promoción de la lengua vasca en un sistema en el que los niños (y no las lenguas) fueran el centro de las políticas educativas. 

Este punto de equilibrio pedagógico que parece obvio para cualquier demócrata europeo los colocó a ambos en la diana de los que deseaban hacer desaparecer el castellano de la enseñanza y adoctrinar a los niños en ideas secesionistas, lamentando que, por desgracia, este tipo de pulsión de fondo ha venido existiendo, aunque sin violencia terrorista, en Cataluña".


En el informe, Pagazaurtundua pone como ejemplo algunos casos denunciados por padres, libros de texto con muestras de adoctrinamiento y vídeos de alumnos dentro de clase. 

Desde aquí, mi apoyo incondicional a Maite y mi rechazo más visceral a estas conductas sectarias que, valiéndose del ese tesoro incalculable que es la infancia, nos denigran como sociedad. 

viernes, 10 de noviembre de 2017

DE CARRETERAS, DIFUNTOS Y MUERTOS EN VIDA



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 10 de noviembre de 2017

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 11 de noviembre de 2017







De un tiempo a esta parte, no pasa una semana sin que los medios de comunicación den cuenta de noticias sobre accidentes de tráfico protagonizadas por conductores que habían bebido o/y tomado drogas antes de ponerse al volante de sus vehículos. Y, con demasiada frecuencia, el resultado de esos accidentes se traduce en el fallecimiento o en unas heridas graves de las víctimas.

Durante el último medio siglo se está trabajando, tanto en España como en casi todo el mundo, para que los coches resulten más seguros, los conductores se responsabilicen de las consecuencias de sus actos y descienda la siniestralidad. Pero, aunque se ha conseguido reducir dicho porcentaje, su incidencia continúa siendo muy elevada.

En ese sentido, coincido plenamente con quienes afirman que la ley ha de contemplar un mayor castigo penal para aquellas conductas cometidas por automovilistas que han consumido alcohol o estupefacientes (a menudo, ambos), así como para las asociadas a las imprudencias graves y a la omisión del deber de socorro. Los sucesivos Gobiernos de España van encadenando campañas mediáticas de concienciación cada vez más crudas (se está otorgando un especial tratamiento informativo a los percances sufridos por peatones y ciclistas) y realizando con asiduidad controles de alcoholemia y de otras sustancias adictivas. Abundando en esta práctica, no está de más indicar que éstas se llevan a cabo para evitar que la gente se desplace por carretera poniendo en peligro la vida propia y las ajenas. En otras palabras, pese a lo que algunos críticos puedan pensar, creo que el afán que subyace no es recaudatorio.

Según datos provenientes de la Organización Mundial de la Salud, más del ochenta por ciento de los accidentes de tráfico tienen su origen en fallos humanos, ya sean despistes, quebrantamientos de las normas, faltas de atención a la carretera o, cada vez más, emprender viaje después de haber ingerido bebidas alcohólicas o recurrido al uso de marihuana, cocaína u otras. Se calcula que casi la mitad de las colisiones y atropellos se producen por este último motivo. La prevalencia, pues, es altamente preocupante y parece lejos de reducirse.

La valoración del problema con las drogas y el alcohol al volante en España, comparado con el resto de países del Viejo Continente, nos sitúa en las primeras posiciones, reflejando así que los españoles figuramos entre los más consumidores de la Unión Europea. Lo cierto es que beber y drogarse no suma los riesgos, sino que los multiplica. Aumenta la imprudencia, impide que el afectado se desplace a una velocidad adecuada (bien por exceso, bien por defecto), dificulta la percepción de la señalización (se ve mal, tarde o con distorsiones) y, lo que es todavía peor, genera una falsa sensación de autocontrol y de dominio de la situación. Mención aparte merecen los enfermos crónicos que padecen estas adicciones. Para ellos la Dirección General de Tráfico trabaja en un programa piloto cuyo objetivo es detectarlos, apartarlos de las vías y promover su rehabilitación.

Vale la pena pararse un momento a reflexionar en cómo puede cambiar una existencia por culpa de una colisión o un arrollamiento: la de los ocupantes del vehículo, la de los damnificados externos y, cómo no, la de sus familiares y amigos. Es un antes y un después. Ya nada vuelve a ser igual, o por haber muerto, o por haber quedado con secuelas gravísimas -tanto físicas como psicológicas- o, en el mejor escenario, por haber sufrido un susto considerable, aun sin consecuencias irreparables.


Personalmente, abogo por una educación vial impartida en los centros escolares desde la más tierna infancia, como formación ciudadana imprescindible. Asimismo, defiendo, junto a una interpretación judicial extensiva de las normas a la hora de aplicar el Código Penal, una reforma legal tendente al endurecimiento de dichas penas, además de un incremento económico de las sanciones asociadas. Los difuntos no merecen menos. Los muertos en vida, tampoco.