martes, 9 de diciembre de 2014

A FAVOR DE LA REFORMA CONSTITUCIONAL





Nuestra vigente Carta Magna, votada en referéndum el 6 de diciembre de 1978, cumplió el pasado sábado  treinta y seis años y en esta efemérides me declaro, una vez más más, ferviente partidaria de su urgente necesidad de reforma. 

Desde hace no poco tiempo existe un debate social sobre la conveniencia de modificar determinados contenidos de la Norma Suprema. Sin embargo, la maduración de esta opción es inversamente proporcional a los deseos de la clase política contemporánea de ponerse manos a la obra. Por lo visto, la casta (sirva el popular apelativo) que nos dirige se encuentra bastante cómoda sobre este tablero de ajedrez que conforman los ciento sesenta y nueve artículos del texto. De hecho, tan sólo se han introducido dos exiguas modificaciones al mismo. La primera, la adaptación del originario artículo 13.2, por ser aquél incompatible con el posterior Tratado de Maastricht. La última, bastante reciente, la inclusión del principio de estabilidad presupuestaria en el artículo 135, sospechoso apaño de los dos partidos mayoritarios de la nación, amparados en la “gravedad de la situación económica” y que ahora el PSOE pugna por modificar.

Pero, más allá de estas actuaciones puntuales, nada ni nadie ha planteado una reforma constitucional de auténtico calado. Como mucho, se habla con la boca pequeña del lío que supondría la hipotética venida al mundo de un hijo varón al seno de la pareja formada por Letizia Ortiz y Felipe de Borbón. 

Lo que es innegable es que aquel respeto reverencial que suscitaba el vértice de nuestro ordenamiento jurídico ha pasado a mejor vida y la culpa de ese desprestigio hunde sus raíces en el pésimo comportamiento de nuestros representantes políticos. La exigencia de cambios por parte de un cada vez más amplio sector de la sociedad despierta no pocos recelos y temores a importantes facciones  de las formaciones políticas mayoritarias, convencidas de ser las guardianas por excelencia de las esencias del pacto de la Transición. Tratan de convencer a las masas de que, con la revisión de aquellos acuerdos posfranquistas, se pondría en riesgo el legado de toda una generación y reaparecería el miedo atávico a la confrontación de las dos Españas.  

Pero yo no estoy de acuerdo en absoluto con estos posicionamientos a caballo entre la cobardía y la mediocridad. Creo que, treinta y seis años después, los ciudadanos hemos cambiado la percepción de aquel sacrosanto consenso y hemos sido capaces de comprobar sus luces pero también sus sombras. Sus virtudes y sus defectos -que son muchos y graves-. Educados en otras ideas y valores, empezamos a cuestionar algunos dogmas. Por consiguiente, ya va siendo hora de estimular un debate sereno y razonado sobre cómo deseamos articular nuestra futura convivencia y por ello no es ningún drama que varios aspectos básicos sean reformados y que algunas temidas Cajas de Pandora -como la alternativa a la Monarquía o la revisión del ruinoso modelo autonómico- sean abiertas.

A 6 de diciembre de 2014, con un país en crisis, con una separación de poderes tan sólo teórica, con un sistema electoral que no respeta la voluntad popular y con una mayoría de dirigentes –pertenezcan al partido que pertenezcan- cuya gestión y credibilidad rozan el esperpento, el orgullo de ser español está en peligro de muerte. Deberían tenerlo bien presente.

viernes, 5 de diciembre de 2014

LEER POCO, ESCRIBIR MAL Y HABLAR PEOR



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 5 de diciembre de 2014

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 10 de diciembre de 2014






Me entristece profundamente constatar que en España cada vez se lee menos, se escribe peor y se habla de un modo más deplorable -prensa, radio, televisión y redes sociales incluidas-. Y me entristece porque soy una gran convencida de que hablar y escribir bien son signos incuestionables que definen nuestra identidad más profunda. Cuanto mayor sea la perfección en el uso de las palabras, así será de efectiva nuestra capacidad de relacionarnos socialmente. Saber comunicar adecuadamente es una cualidad fundamental en los ámbitos personal y profesional y, por lo tanto, convendría que nos esforzáramos con afán en dominarla. Además, aprender a expresar las ideas de un modo claro y preciso es una capacidad al alcance de todo aquel que esté dispuesto a dedicar un mínimo de su tiempo y de su esfuerzo a tal labor. 

No en vano somos seres sociales que necesitamos relacionarnos entre sí para transmitir conocimientos, experiencias, sentimientos y opiniones. Y, teniendo en cuenta que el arte de hablar es el arte de persuadir, quienes se expresen con claridad y precisión se abrirán camino en la vida con mayor rapidez y probabilidad de éxito. Lo mismo ocurre con la expresión escrita. Escribir correctamente es una de las mejores inversiones que cualquier persona puede realizar, ya que evidencia una educación que incluye la necesaria y asidua dedicación a la lectura, a la par que le abre las puertas para entender y ser comprendido. 

Sin embargo, al contrario de lo que sucede en otros países de nuestro entorno -muy especialmente los de la esfera anglosajona- el sistema educativo español apenas contempla el aprendizaje de técnicas de oratoria. Allí los alumnos pugnan por salir a la pizarra para exponer un tema delante de sus compañeros. Desde el tono de voz a la postura empleada, desde el contenido a desarrollar al tiempo dedicado para ello, todo es decisivo. La timidez se trabaja para transformarla en autoestima. Han de desinhibirse, enfrentar el miedo, no acobardarse ante los demás y creer en ellos mismos. Aquí, sin embargo, es patente nuestro déficit formativo en esta área. A los españoles no nos gusta hablar en público (incluida la clase política) y no acaba de calarnos la idea de que el talento por sí solo ya no es suficiente y de que una persona preparada que, además, sabe hablar, atesora unas posibilidades de futuro muy superiores a las de otra con espectaculares conocimientos pero nulas dotes comunicadoras. 

Los expertos en la materia afirman con rotundidad que transmitir con eficacia es una habilidad básica y prioritaria, de tal manera que, mejorando la virtud de la oratoria en niños y jóvenes (se puede aprender a hablar en público a cualquier edad pero, cuanto antes se empiece, mejor) se conseguiría un efecto muy positivo en su rendimiento escolar y en su desarrollo profesional, aumentando los niveles de asertividad, liderazgo y empatía. Es verdad que cuando se trabaja desde edades tempranas es más fácil dominar su técnica pero, como no tiene fecha de caducidad, basta con la voluntad intemporal de aprender para completar carencias y paliar vicios. 

Personalmente me llama la atención muy favorablemente que en países como Gran Bretaña o Estados Unidos la dinámica parlamentaria se organice en torno a discusiones abiertas y espontáneas, en clara contraposición a las preguntas redactadas de antemano y a los pesados turnos de intervención propios de nuestros Congreso, Senado y Parlamentos Autonómicos. De hecho, también los procesos judiciales los basan en duelos verbales, a diferencia del lento y burocrático modelo hispano. Por suerte para sus ciudadanos, la retórica está en el corazón del debate político, preservando el cordón umbilical que une la oratoria con la práctica democrática. 

En consecuencia, creo firmemente que enseñar a leer con asiduidad, a escribir con corrección y a hablar en público con destreza deberían ser los tres objetivos absolutamente ineludibles de nuestro sistema educativo. Sin ellos, el resto de conocimientos adquiridos quedarán huérfanos. Porque una sociedad que lee poco, escribe mal y habla peor está abocada al fracaso más absoluto.





martes, 2 de diciembre de 2014

3 DE DICIEMBRE-SAN FRANCISCO DE JAVIER-DÍA DE NAVARRA





Mañana, 3 de diciembre, la hermosa tierra que me vio nacer se vestirá de gala con la celebración del Día de Navarra. Tendrán lugar diversos actos dirigidos a toda la ciudadanía para poner de relieve cuanto nos une a quienes nos sentimos tan orgullosos de nuestro Viejo Reyno, cuya larga y rica historia continúa siendo fuente de inspiración.

Esta fecha conmemora el fallecimiento de nuestro embajador más insigne, el misionero San Francisco de Javier, miembro del grupo precursor de la Compañía de Jesús -congregación religiosa a la que pertenece el actual Papa Francisco- y estrecho colaborador de su fundador, San Ignacio de Loyola.  

Huérfano desde los tres años, el joven creció en un clima de guerras y división pero a los dieciocho tuvo la fortuna de iniciar sus estudios universitarios de Humanidades en la prestigiosa Sorbona de París. Fue allí donde el destino le hizo compartir habitación con Ignacio, siendo influenciado de forma definitiva por su famosa frase “¿De qué sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?". Desde entonces, decidió ganar tanto su alma como la de millones de fieles cristianos y en aquellos tiempos sedientos de conquistas y de poder, abrió los ojos, los brazos y, sobre todo, los espíritus de quienes recibieron su mensaje evangélico. Durante los once años que vivió en el Lejano Oriente, aceptó de buen grado la diferencia de cultos, razas y civilizaciones, sembrando entre ellos la Buena Noticia del Amor.

Por fortuna, su ejemplo sigue cundiendo con el paso de los siglos en muchos de sus paisanos, uno de los cuales, José Luis Garayoa, desempeña a día de hoy su labor apostólica en Sierra Leona, el país más azotado por el virus del ébola, aunque evidencia su profunda indignación con vehemencia al afirmar que “lo único que interesa al Primer Mundo de Sierra Leona es su riqueza en minerales preciosos. Los seres humanos no cuentan”. En las facultades de Filosofía y Teología le enseñaron que el valor de la vida humana es infinito pero en su parroquia africana se le mueren cuatro de cada cinco niños antes de cumplir los cinco años. 

Dice que, a veces, cierra los ojos, le pregunta a Dios por qué y se pelea mucho con Él. Pero, aunque el dolor haga más tortuoso el camino de la fe, él se obstina (para algo es navarro) en abanderarla. "Hay gente que me pregunta si en este desastre veo a Dios y yo les respondo que no podemos esperar a que Dios baje a hacer milagros contra esta pandemia. Porque Dios no hace milagros. Dios nos da la capacidad de hacerlos".

Existen, pues, cientos de seres humanos que tienen un corazón tan grande como para responder a la llamada de Jesucristo e ir a evangelizar hasta los confines de la tierra. San Francisco de Javier fue uno de ellos. José Luis Garayoa es otro. Dos paisanos de los que me siento muy orgullosa y a quienes, desde la distancia, recordaré especialmente en mi oración este 3 de diciembre.





viernes, 28 de noviembre de 2014

LA MEDIACIÓN, UN TRAJE A MEDIDA PARA ALCANZAR LA PAZ



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 28 de noviembre de 2014

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 30 de noviembre de 2014




Los pasados días 20 y 21 de noviembre tuvo lugar en el Centro de la Familia de Santa Cruz de Tenerife la Primera Convención Nacional de Mediación. Bajo el lema “Las cosas pueden ser de otra manera” y en el entorno de una organización sobresaliente, se desarrollaron un total de nueve ponencias a cargo de relevantes expertos en la materia, que nos brindaron a los asistentes una valiosa información de cara a profundizar en esta muy recomendable vía de resolución de conflictos. Se formaron, asimismo, seis grupos de trabajo centrados en tres temas de debate: legislación sobre la mediación, el lenguaje en la mediación y campos de la mediación, cuyas conclusiones fueron expuestas al conjunto del foro.


Estamos, pues, ante una figura de gran protagonismo actual, merced a la posibilidad de su aplicación en diversidad de campos y a los excelentes resultados que, siempre que se aplique con las debidas garantías, ofrece. Se trata de un procedimiento eficiente y susceptible de realizarse en poco tiempo de forma positiva, distinguiéndose además por su vocación de perdurabilidad, habida cuenta que los acuerdos alcanzados se mantienen a lo largo del tiempo. Partiendo de la base de que la paz es una necesidad básica de los seres humanos, supone la apuesta por el acuerdo frente a la confrontación, con miras a evitar la judicialización de los conflictos. Abre un nuevo horizonte a la Justicia porque promueve la cultura de la Paz,  es un método complementario sumamente idóneo para obtener la mejor tutela efectiva en cada caso e impulsa la cooperación y la búsqueda de soluciones. Dicho de otro modo, al “entender” añade el “comprender” y a la “cabeza” suma el “corazón”.


No obstante, su principal punto débil radica en que apenas se conoce. De ahí la creciente inquietud por acercarse a ella y formarse en su disciplina. Por el contrario, y como característica positiva, su espectro de aplicación es prácticamente ilimitado, extendiéndose a los ámbitos mercantil, laboral, comunitario, médico, educativo y, por supuesto, familiar (en su doble aspecto de familia extensa -la que incluye abuelos, tíos, hermanos y demás miembros- y familia nuclear -padres e hijos-). En este último caso, siempre está orientada a la prevalencia del interés de los menores y a la preservación de su bienestar psicológico y emocional. Porque nunca hay que olvidar que el bienestar de las familias se traduce en el bienestar de la sociedad.


Una de las ideas que cosechó más adhesiones fue la de que resulta imprescindible adaptar el lenguaje negociador para hacerlo más comprensible y cercano a los implicados. El simple hecho de recurrir a conceptos como  “participantes”, “cuidado” y “gastos” en vez de “partes”, “custodia” y “pensión” puede coadyuvar en gran medida a la consecución de un acuerdo satisfactorio. También está en marcha la promoción de la mediación en el entorno de distintos colectivos, como los de Magistrados, Colegios Profesionales, Cámaras de Comercio y Universidades, aunque la clave del éxito se sitúe en la educación en edades tempranas. Cabe destacar a este respecto la instauración de una nueva asignatura escolar denominada Educación Emocional, a través de la cual los más pequeños aprenden a gestionar sus sentimientos y a resolver sus enfrentamientos desde el diálogo y la búsqueda de alternativas civilizadas.


Se convino igualmente en que el objetivo prioritario ha de ser abordar esta vía como un proyecto común, superando algunos recelos entre los distintos sectores profesionales -abogados, psicólogos, trabajadores sociales u otros-, puesto que aquí el trabajo en equipo es fundamental. Las ventajas asociadas no ofrecen lugar a dudas: eficacia, eficiencia, ahorro de tiempo y dinero, beneficio para todos los intervinientes y flexibilidad en el formato. En ese sentido, el vocal del Consejo General del Poder Judicial, Álvaro Cuesta, manifestó en la Conferencia de Clausura que el máximo órgano de gobierno  de los jueces tiene decidida vocación pro mediadora y aboga por incorporar la mediación a la carta de servicios de la Administración de Justicia. Ojalá esta iniciativa tan anhelada por muchos comience a dar sus frutos lo antes posible.